Vuelve a ser la de antes. Vuelve a quedarte en tu sitio y sólo aparece cuando te necesite en casos extremos. No me hundas más, no, más de lo que ya estoy no creo poder soportar.
Unas pocas palabras que intentan hacer temblar a la imaginación.
31.1.12
Inestabilidad psicológica (II)
Déjame respirar tan solo un momento. Deja que pueda aclarar mi vida, mi situación, mi estado psicológico. Déjame descansar tan solo unos segundos. Dame alegrías, dame razones por las cuales seguir es importante. ¿Acaso te importo? ¿No soy tu compañera de viaje, la misma que tú, pero más soñadora, más sensible, menos realista, menos hiriente? Compréndeme, no puedo vivir del pasado, no puedo vivir de los errores. Ayúdame a olvidarlos, ayúdame a ser la de antes. No me hagas vivir en el pasado, ni tampoco en el futuro. Odio que me muestres las imágenes de mis antiguos sueños, que estés recordándomelos siempre que tienes ocasión; recordándome que no cumplí ninguno de ellos. No quiero que me repitas las expectativas que tenía para el 2012. No quiero que me recuerdes a todo lo que renuncié, de todo lo que perdí, y de lo mal que se ve el panorama para este año. Olvídate de empujarme hacia lo perfecto, hoy ya no lo quiero. Te pido que me hagas cambiar de actitud hacia la vida, hacia los problemas y que me ayudes a encontrar la solución, no a hundirme cada día más. No soporto que te pases hablándome todo el tiempo, ¿es que acaso no se te terminan los argumentos para que me de por vencida?. No quiero que vuelvas a hablarme de lo que podría haber sido. Olvida ese tiempo verbal. Quiero que a partir de ahora vivas el presente, dejes el pasado y el futuro atrás. Olvídate de lo que tenía planeado para este año, olvídate de las cosas que dejé, de las cosas que no viviré, de lo que me espera. No quiero recordar mis sueños, ya me cansé de que me los repitas una y otra vez. Corta ya con tus pensamientos negativos, esos que me dices al acercarme a alguien. Deja ya de criticar a los demás, deja de sacarles defectos.
Puede que estemos en un lugar oscuro, sin salida, donde todo lo que nos rodea no mejora, y vemos como la vida se nos está pasando, poco a poco, sintiendo cada suspiro como una puñalada en el corazón, cada minuto como un dolor de cabeza insoportable, cada hora esperando a que pase algo que nos devuelva a la vida. No eres el único que ha pensado en acabar de la forma más triste que una persona puede llegar a dejar este espacio. ¿Quién no ha soñado con dejar de sufrir de una vez por todas? Tampoco eres el único que se siente solo, asfixiado como si cada día que pasase, le costase más respirar. A mí me cuesta, me cuesta levantarme y sentir esa presión en la garganta. Puedo llegar a comprender tu dolor, y puedo llegar a comprender los síntomas que conlleva sentirse así. Primo, amigo, cómplice, lamento decirte que no es la solución. A pesar de mi estado, sigo aún con la conciencia despierta y capaz de razonar cuando es debido y cuando la situación me genera peligro hacia los que más quiero. Aún no tengo la respuesta en mi poder, no la poseo y no puedo guiarte por el camino de la salida de este lugar, sólo puedo acompañarte e intentar que salgamos juntos, paso a paso.
No soy la más indicada para decirte en estos momentos que sonrías por más que no tengas motivos. No soy la indicada para decirte que la vida es una sola y hay que vivirla. Pero sí me siento con el poder de decirte que, algún día, encontraré la solución y volveré a ver esa sonrisa en tu rostro, esas bromas tan características tuyas, y volveré a ver a mi primo en su mejor momento.
30.1.12
Puede que no sea la chica perfecta, rubia con ojos azules. Puede que no tenga el pelo perfecto y que los días que no estoy de humor ni me lo arregle. Puede que tarde mucho más en pintarme las uñas que en estudiar, y que no siempre están perfectas como desearía. Puede que no me guste el helado de chocolate, pero sí el de limón. Puede que tarde horas en elegir que ponerme y que después salga con lo primero que encontré en el ropero. Puede que no me guste que me hagan el desayuno, que me hablen por las mañanas y que conteste mal muy a menudo. Puede que sea muy desordenada en cuanto a mi habitación, pero odio el desorden arriba de una mesa. Puede que tenga mis manías respecto al órden de las cosas. Puede que no me quede quieta un minuto, que tenga la manía de mover un pie o las manos. Puede que me guste hablar mucho o no decir absolutamente nada. Puede que sea un poco antipática, que en los momentos de tensión me ría sin motivos, que hable sin pensar, que actúe sin medir las consecuencias. Puede que a veces sea un poco egoísta, un poco caprichosa y tal vez, algo masoquista. Puede que quiera a una persona de la noche a la mañana, como también que la aborrezca. Puede que no sea cariñosa, y poco menos romántica. Puede que sea obsesiva, y que dependa de los demás. Puede que las películas de amor me empalaguen, pero aún así los días que me siento mal, suelen convertirse en mi pastilla para soñar. Puede que me guste el fútbol, jugar a la play, mirar una película de acción y de terror. Puede que sea algo histérica, bastante negativa y fría. Puede que quiera a alguien sin razones. Puede que sea tonta, inteligente, lenta o rápida. Puede que sea mala recordando nombres, que no recuerde cosas irrelevantes, que sea un poco colgada. También puede que un simple te quiero me ponga de buen humor, que con un abrazo me alcance para sobrevivir unos cuantos días. Puede que sea algo pesada, metida y controladora. Puede que sea reservada, y que no me guste contar mis cosas. Puede que pueda pasar de estar en un estado de felicidad a un estado deprimente. Comprobé que también puedo reír y llorar a la vez. Puede que el pasado me condene, que no me deje vivir. Puede que me de miedo lo que me depare el futuro, cometer errores y quedarme sola. Puede que te quiera más de lo que imagino, puede que seas la solución a muchos de mis problemas; puede que haya comprobado que te necesito.
29.1.12
Estamos enfrente el uno del otro. Apenas nos separa un metro y puedo ver como su pecho sube y baja rápidamente. Me atrae hacia él y me aparta el pelo. Me acaricia con los dedos la mejilla y acerca su cara aun más a la mía. Puedo notar su respiración agitada, su corazón latir, apunto de salirse de su pecho. Me muerdo el labio inferior. Estoy nerviosa. Lo sé y lo sabe. Me besa en la comisura de los labios
-Dime que pare . Dime que pare porque esto no está bien .
-No puedo pensar cuando estás tan cerca. Apenas puedo respirar ...
28.1.12
Ya no me calman las palabras. No me calma un vaso de alcohol. No me calman las risas. No me calma hablar. No me calma tener la cabeza ocupada en el estudio. No me calma la rutina. No me calma un té verde. No me calma una tableta de chocolate. No me calma dormir. No me calma un atardecer. No me calma la música. No me calma la fiesta. No me calman los aciertos, ni los logros. No me calma soñar. No me calma mi casa. No me calma no hacer nada. No me calma la tele. No me calma mi lugar, mi habitación. No me calma correr. No me calma salir. No me calma correr riesgo, sentir adenalina. No me calma comprarme ropa. No me calma estar sola, ni acompañada. No me calma absolutamente nada.
Aunque no me calme nada, sé las cosas que podrían llegar a calmarme. Lamentablemente, muchas de ellas son ,en este momento, imposibles.
Aunque no me calme nada, sé las cosas que podrían llegar a calmarme. Lamentablemente, muchas de ellas son ,en este momento, imposibles.
27.1.12
La vida consiste en dejar los sueños atrás para poder sobrevivir en la realidad en que nos hayamos. Por eso detesto tanto a la vida. La detesto porque nunca pude cumplir ningún objetivo de los que me propuse. Nunca se me cumplió un sueño. Tenía todas las esperanzas de que las cosas cambiarían. Creía que mi vida cambiaría, y que me podría proponer cosas para poder al fin cumplirlas. Coleccioné mil y un sueños, guardados en un baúl dentro de mi cabeza, que cada día me ayudaban a seguir y mirar para adelante a pesar de lo que suponía cumplir todos esos sueños. Sabía que no sería fácil, que tenía que dejar bastante atrás para poder conseguir algo de lo que quería, pero estaba dispuesta a conseguirlo y tenía ya por sabido que lo conseguiría. Puse mi empeño, me olvidé del pasado, pero el destino siempre quiso que no pudiera cumplirlos. Todo, como me tiene acostumbrada, salió al revés de lo esperado. Sí, maldita esperanza que se había apoderado de mí. Tendría que ya haber aprendido de que la vida no me regala una buena, y no tenía que ser esta vez la excepción a la regla. Aquí estoy, odiándome, detestándome, detestando a la vida, a todo lo movible, odiando la mierda de la monotonía en que me hallo, odiando la mierda de sistema en el que estoy metida, la mierda de mundo en que me tocó vivir, la porquería de objetivos impuestos por la sociedad. Odiando todo.
Soñé, y lo creí posible, y me envolví de una felicidad ficticia. ¡Qué ilusa que fui!.
Soñé, y lo creí posible, y me envolví de una felicidad ficticia. ¡Qué ilusa que fui!.
26.1.12
soy tonto :P
Bueno solo por el titulo se sabe que soy isaac :)
pues eso que no me gustaba la entrada de antes así que la cambio ^^
Porque vales mucho y siempre me has dicho que no me rinda así que tu tampoco....
Que te quiero mucho y anímate que estoy para lo que quieras :)♥
25.1.12
- ¿Cómo sería tu hombre perfecto? -le preguntó él.
+ Buen truco, ¿quieres intentar parecerte a él?
- No es eso, idiota, ahora en serio...
+ De acuerdo. Sinceramente, mi hombre perfecto es el hombre imperfecto, la antítesis del hombre ideal. Que no sea romántico, yo tampoco lo soy. Que no sea un 'caballero', pues soy más puta que dama. Que no se comporte, me hacen reír las estupideces. Que no bese tiernamente, me aburre. Que no me escuche, sino que me hable. Que no me pregunte como estoy, que sepa adivinarlo y remediarlo. Que me haga feliz, y que tengamos una complicidad irremediablemente irresistible.
- ¿Quieres un rebelde?
+ No, te quiero a ti.
+ Buen truco, ¿quieres intentar parecerte a él?
- No es eso, idiota, ahora en serio...
+ De acuerdo. Sinceramente, mi hombre perfecto es el hombre imperfecto, la antítesis del hombre ideal. Que no sea romántico, yo tampoco lo soy. Que no sea un 'caballero', pues soy más puta que dama. Que no se comporte, me hacen reír las estupideces. Que no bese tiernamente, me aburre. Que no me escuche, sino que me hable. Que no me pregunte como estoy, que sepa adivinarlo y remediarlo. Que me haga feliz, y que tengamos una complicidad irremediablemente irresistible.
- ¿Quieres un rebelde?
+ No, te quiero a ti.
Se sentía sola. Sentía que una soga le apretaba el cuello, por eso decidió salir a respirar. Recorría las calles en busca de alguna señal que le hiciese despertar del coma en que se encontraba, algo que le permitiese seguir viviendo en esta sociedad y en su mundo, en ese que tanto detestaba y maldecía cada segundo de su existencia. Reservada, como siempre fue, volvía a no pedir ayuda y a conversar con su propia conciencia, en realidad, con su otro yo. Mientras caminaba por aquel camino en penumbras y solitario, mantenía una discusión consigo misma. Su otro yo le exigía mucho más, le gritaba, le insultaba, le repetía mil veces que esto no tenía vuelta atrás, que ya había sobrepasado el límite permitido, suplicándole que se rindiese, que ya era hora por el bien de todos.
Ella se llevaba las manos a la cabeza mientras balbuceaba que se callase de una puta vez. Miraba al cielo y le pedía un respiro a quien fuese que estuviese acompañándola en ese momento. El paisaje representaba muy bien su interior. Transmitía un sentimiento de melancolía, con árboles que discutían con el viento provocando un ligero ruido constante; con hojas que volaban sin dirección alguna, desorientadas y empujadas por esa brisa tan abrumadora. Era un camino largo, del cual no se podía divisar la salida. Lo único que alumbraba, era la luna, un pequeño trozo que permitía ver el entorno en el que se hallaba, llevándola a la realidad.
Se preguntaba cómo había llegado a ser aquella a la que su otro yo la dominaba, atrapándola y arrastrándola a cometer un error tras otro. Pensó en una única persona que sería capaz de despertarla. Rápidamente borró su imagen de la cabeza. Testaruda como suele ser, decidió no acudir a su ayuda.
Se detuvo un instante. Volvió en sí. Se recogió el pelo y decidió echar a correr, intentando huir de los problemas, aún pensando en él.
24.1.12
Aún se me siguen llenando los ojos de lágrimas al leerlo. Una pequeña lágrima se desliza lentamente por la mejilla derecha, pero rápidamente, un acto casi inconsciente, mi mano la limpia y las demás evitan desbordarse. Sonrío porque es una de las pocas cosas que me hace feliz, verlo y saber que aún está, aunque esté lejos. Vuelvo a leer mis palabras hacia él, y vuelvo a recordar lo que sentí cuando las escribí. Ya soy un mar de lágrimas, y la hoja de los apuntes están mojadas. Rio. Me rio de mi misma, una risa nerviosa, algo muy común en mí. Vuelvo a reír, y me acuerdo de la risa de mi abuelo. "Negra, nunca cambies, seguí así como sos que vas a llegar muy lejos". La voz de mi abuelo se impone en mi cabeza, y eso me alivia el mal trago. Me siento tranquila por un momento. Un segundo de paz encuentra mi mente que la alivia del colapso que está a punto de sufrir.
Tenía un sostén muy grande. Era el único que me sacaba una sonrisa y la única razón por la que seguía viviendo y no me rendía. Todo empeora desde que está lejos de mí, desde que no me acompaña al colegio, no me espera para comer, no me pregunta cómo estoy, cómo fue mi día, si quiero tomar mate o si tengo mucho para estudiar. Se me dificulta llegar a casa y que no esté.
Se hace duro el día a día. Sigo extrañándolo aún más que antes... ¿2012, este año me darás alguna buena?
Tenía un sostén muy grande. Era el único que me sacaba una sonrisa y la única razón por la que seguía viviendo y no me rendía. Todo empeora desde que está lejos de mí, desde que no me acompaña al colegio, no me espera para comer, no me pregunta cómo estoy, cómo fue mi día, si quiero tomar mate o si tengo mucho para estudiar. Se me dificulta llegar a casa y que no esté.
Se hace duro el día a día. Sigo extrañándolo aún más que antes... ¿2012, este año me darás alguna buena?
23.1.12
No, no digas nada. Yo hablaré. ¿Me has echado de menos? Porque yo a ti mucho.
¿Eres un verdadero tirano sabes?
Me cuesta estar enfadada contigo, pero esta te la guardo. No te hagas ilusiones.
Me gustaría hablar pasando del juego... por una vez.
¿Te gusta mi vestido? Se lo he birlado a mi hermana. Tenía este u otro rojo tipo bomba nuclear o algo así... Debí ponerme ese... lo sé.
He debido pasarme más o menos tres horas frente al espejo. ¡Pero ha merecido la pena estoy guapa! Y espero gustarte si no te meto un tortazo.
¡Espera! Shh... Por donde iba...
El problema es que si me dijeras "me encantas" no podría creérmelo. Julián, ya no sé cuando es un juego y cuando es verdad.
Estoy perdida. ¡Espera, espera! No he terminado.
Dime que me quieres. Dímelo porque yo jamás me atreveré a decírtelo primero.
Me daría miedo que pensaras que es un juego.
Sálvame, te lo suplico.
" [Quiéreme si te atreves] "
¿Eres un verdadero tirano sabes?
Me cuesta estar enfadada contigo, pero esta te la guardo. No te hagas ilusiones.
Me gustaría hablar pasando del juego... por una vez.
¿Te gusta mi vestido? Se lo he birlado a mi hermana. Tenía este u otro rojo tipo bomba nuclear o algo así... Debí ponerme ese... lo sé.
He debido pasarme más o menos tres horas frente al espejo. ¡Pero ha merecido la pena estoy guapa! Y espero gustarte si no te meto un tortazo.
¡Espera! Shh... Por donde iba...
El problema es que si me dijeras "me encantas" no podría creérmelo. Julián, ya no sé cuando es un juego y cuando es verdad.
Estoy perdida. ¡Espera, espera! No he terminado.
Dime que me quieres. Dímelo porque yo jamás me atreveré a decírtelo primero.
Me daría miedo que pensaras que es un juego.
Sálvame, te lo suplico.
" [Quiéreme si te atreves] "
22.1.12
Ya no quedan motivos, no quedan sueños, no quedan sentimientos. Me fui para no volver, me fui para encontrarme mejor pero me encontré con un mundo al cual no estaba acostumbrada. Quise escapar de la realidad como siempre supe hacerlo, pero esta vez me confundí de camino y entré en el que nunca había querido estar. Lo conocía, pero nunca lo había sufrido. "¡Qué más da!" me dijo la conciencia, "Capaz así resucitas.". Un mundo oscuro, desconocido, frío y sin sentimientos. ¿Alegrías? ninguna. ¿Tristezas? Para tirar al techo. Llegó el punto en que todo me da igual. Me acostumbraré y seguiré, porque para pasar a la siguiente fase no creo tener el poder de hacerlo.
Mírame, por culpa de hacerle caso a la razón donde estoy.
Mírame, por culpa de hacerle caso a la razón donde estoy.
19.1.12
No me concentraba en la lectura tan aburrida que tenía que leer para el día siguiente. La mente no estaba en la realidad, si no en un mundo paralelo. Sentí impulsos de escribirle. Hacía tiempo que no lo veía. Sentí esa necesidad de querer plasmar en un papel lo que me gustaría poder decirle a la cara. No quedó más remedio que coger el cuaderno en el cual están expuestos mis momentos de locura, rabia, tristeza y demás sentimientos. Me imaginé a su lado... ¿Qué le diría?:
"Búscame un rato más. Mírame, dime que me quieres, que me necesitas para respirar. Convénceme que no sería una locura. Grítame. Hazme despertar del coma en el que me encuentro. Sácame una sonrisa. Devuélveme la esperanza. Haz que me olvide de que existe el tiempo, de que la vida es así de difícil, de que todavía me quedan problemas por resolver. Enséñame a bailar bajo la lluvia, enséñame a sonreír otra vez, enséñame a quererte aún más. Quítame el frío, quítame las ganas de desaparecer, quítame el dolor que aún siento. Yo, a cambio, prometo darte la vida."
No muy satisfecha lo releí veinticuatro veces más. Cerré el cuaderno. Me tiré en la cama y sentí un pequeño alivio. Algún día se lo diría. Algún día lo lograría.
Querida amiga, la negatividad no la obtuve de tí, si no que siempre la tuve insertada en mi cabeza. Siempre busqué la salida a todos los problemas que se me presentaron, manteniendo la esperanza, sonriendo a los problemas, intentando ser mejor para sentir algo que me apagase la furia que sentía por dentro. Siempre lo logré, engañándome, mientiéndome a mi misma y a los demás, demostrando que podía cuando en realidad lo mejor hubiese sido caerse desde un principio. La caída hubiese sido más leve, y no estaría así ahora. Pero hoy ya no quedan fuerzas para querer salir. Me ha consumido la rutina, el amor, el estrés, la desilución, la desesperanza. Hoy se han apoderado de mí y no aún no he encontrado la forma de salir. He pasado a ser todo lo que siempre odie, critiqué y detesté. Hoy no soy más que una sombra de lo que un día fui en el pasado.
Amiga, entiendo tu preocupación y me hago la misma pregunta que tú: ¿dónde se encuentra la salida? No creo tener respuesta para ello, pero ganas no me faltan para encontrarla. Intento viajar al pasado, y recordar cómo salí de otras tantas caídas... Supongo que será cuestión de tiempo, de intentar estar bien, de buscarle la vuelta a los problemas, de hablar con alguien de confianza... o simplemente se puede resumir en el abrazo de un amigo o amiga. Ya no busco salir, sino un momento de alivio.
Dicen que vida hay una sola... Si es esta, no la quiero vivir.
Amiga, entiendo tu preocupación y me hago la misma pregunta que tú: ¿dónde se encuentra la salida? No creo tener respuesta para ello, pero ganas no me faltan para encontrarla. Intento viajar al pasado, y recordar cómo salí de otras tantas caídas... Supongo que será cuestión de tiempo, de intentar estar bien, de buscarle la vuelta a los problemas, de hablar con alguien de confianza... o simplemente se puede resumir en el abrazo de un amigo o amiga. Ya no busco salir, sino un momento de alivio.
Dicen que vida hay una sola... Si es esta, no la quiero vivir.
Querida amiga, parece que nuestros caminos fueron destinados a cruzarse. Vivimos cosas parecidas y nos han insertaron esa idea en la cabeza. ¿Qué pasó con el amor? ¿Tan desgastado se encuentra? "No hagas lo mismo que yo, no cometas el mismo error", alguna vez escuché decir a mi madre, que a pesar de que la ame, discrepo con su idea. ¿Tan mal le fue en la vida? ¿Tanto habrá sufrido en el amor, como para que me advierta de lo doloroso que puede llegar a ser?
No necesito cosas materiales, no quiero un novio con un Ferrari, ni que me regale rosas todos los meses. Ya no pido alguien que me lleve a cenar por las noches a Valencia, que tenga una casa enorme y que me lleve de viaje. Simplemente pido un chico que me quiera, que me escriba cartas sencillas pero que resuma lo que siente, que me regale una flor arrancada de los arbustos cuando caminemos de la mano juntos en una tarde primaveral de abril, que me lleve en bicicleta por los rincones más alejados de la ciudad y a merendar acostados en una simple sábana viendo el atardecer juntos.
Quiero una vida que me llene. Quiero un amor que me devuelva algo de lo que fui.
Amiga, lo sé. Somos de mentes muy parecidas y buscamos casi los mismos objetivos en la vida. Quiero convencerme de que este será un momento pasajero y que todos los esfuerzos que estamos haciendo nos sean recompensados y podamos sonreír una tarde de verano, tomando un granizado de limón, mirando a nuestros hijos jugar juntos en una plaza de Valencia.
Mantengo la esperanza, aunque cada día se apaga poco a poco. Cada día veo más lejos lograr mis objetivos, cada día veo que me voy apagando un poco más. Amiga, somos dos cobardes que no sabemos como terminar, pero luchamos por intentar conseguir ganar la batalla a esta vida que tanto nos está haciendo sufrir. ¿Algún día nos dará tregua? Quiero suponer que sí.
No necesito cosas materiales, no quiero un novio con un Ferrari, ni que me regale rosas todos los meses. Ya no pido alguien que me lleve a cenar por las noches a Valencia, que tenga una casa enorme y que me lleve de viaje. Simplemente pido un chico que me quiera, que me escriba cartas sencillas pero que resuma lo que siente, que me regale una flor arrancada de los arbustos cuando caminemos de la mano juntos en una tarde primaveral de abril, que me lleve en bicicleta por los rincones más alejados de la ciudad y a merendar acostados en una simple sábana viendo el atardecer juntos.
Quiero una vida que me llene. Quiero un amor que me devuelva algo de lo que fui.
Amiga, lo sé. Somos de mentes muy parecidas y buscamos casi los mismos objetivos en la vida. Quiero convencerme de que este será un momento pasajero y que todos los esfuerzos que estamos haciendo nos sean recompensados y podamos sonreír una tarde de verano, tomando un granizado de limón, mirando a nuestros hijos jugar juntos en una plaza de Valencia.
Mantengo la esperanza, aunque cada día se apaga poco a poco. Cada día veo más lejos lograr mis objetivos, cada día veo que me voy apagando un poco más. Amiga, somos dos cobardes que no sabemos como terminar, pero luchamos por intentar conseguir ganar la batalla a esta vida que tanto nos está haciendo sufrir. ¿Algún día nos dará tregua? Quiero suponer que sí.
18.1.12
Querida amiga, hace tiempo que me convertí en una persona negativa, llena de inseguridades y con una perspectiva de la vida sumamente pesimista. Aún sigo creyendo en los cuentos de hadas, en los príncipes azules, en los amores duraderos. Sigo creyendo en que habrá alguien que me sacará de este estado algún día, y que sucederá de la forma más inesperada, como en las películas de Disney.
La vida me fue demostrando que no todo es color de rosa con golpes y caídas. Supe recuperarme de todas, excepto de la última. Sabes mi historia sobre los amores, cuánto he sufrido y cuántas veces me he enamorado. Has experimentado el dolor que se siente cuando no te quieren, cuando tú darías la vida por ellos. Has experimentado el dolor de sentirte vacía y que el único que te hacía sacar una sonrisa fuese él. Experimentaste algo parecido a lo mío, y sabes de lo que hablo. Mis inseguridades vienen de esa historia que tanto me marcó y que hoy en día sigo sintiendo una puntada en el corazón cada vez que la recuerdo. Con apenas 16 años siento la soledad en mi cuerpo, siento el corazón cansado de sufrir por los numerosos recuerdos que se alojan en él, siento en shock la cabeza por las voces que me hablan y que no me dejan tranquila; siento cada vez más pequeños los pulmones y me toca pararme a pensar que tengo que respirar. Son consecuencias de la vida, consecuencias de un amor que me marcó. Son síntomas propios de las consecuencias que dejan los problemas.
Aún mantengo la esperanza de que el destino traerá recompensas en el momento indicado. En algún momento del pasado me convertí en amiga del tiempo, al que considero el más sabio imaginario. Quiero suponer que todavía no es el momento, pero que pronto alguien me ayudará a salir.
Amiga, entiéndeme, me pintaron un futuro lleno de colores, en el que sólamente importaban los estudios y ser independiente. Me insertaron la idea de que tenía que ser importante, destacar, casarme con alguien que tuviese la vida ya encaminada después de estudiar, que no fuese tonta y no me enamorase del primero que se me cruzara. Que ya encontraría el amor, sí, pero en la universidad. Me convencieron de que eso era lo único que me haría sobrevivir toda mi vida... Lamentablemente se equivocaron al insertarme esa idea. ¿Quién es capaz de sobrevivir sin amor? ¿Acaso uno elige de quien enamorarse?
No lo niego, tengo miedo de volver a enamorarme de la persona equivocada. Tengo miedo de volver a depender de alguien, de que mi estado de humor se base en una única persona que me maneje a su antojo como ya sucedió. Tengo miedo de necesitarlo para respirar, para ser persona. Tengo miedo de querer demasiado a una persona y que nuestra historia no tenga un final feliz. Tengo miedo de volver a sufrir.
La vida me fue demostrando que no todo es color de rosa con golpes y caídas. Supe recuperarme de todas, excepto de la última. Sabes mi historia sobre los amores, cuánto he sufrido y cuántas veces me he enamorado. Has experimentado el dolor que se siente cuando no te quieren, cuando tú darías la vida por ellos. Has experimentado el dolor de sentirte vacía y que el único que te hacía sacar una sonrisa fuese él. Experimentaste algo parecido a lo mío, y sabes de lo que hablo. Mis inseguridades vienen de esa historia que tanto me marcó y que hoy en día sigo sintiendo una puntada en el corazón cada vez que la recuerdo. Con apenas 16 años siento la soledad en mi cuerpo, siento el corazón cansado de sufrir por los numerosos recuerdos que se alojan en él, siento en shock la cabeza por las voces que me hablan y que no me dejan tranquila; siento cada vez más pequeños los pulmones y me toca pararme a pensar que tengo que respirar. Son consecuencias de la vida, consecuencias de un amor que me marcó. Son síntomas propios de las consecuencias que dejan los problemas.
Aún mantengo la esperanza de que el destino traerá recompensas en el momento indicado. En algún momento del pasado me convertí en amiga del tiempo, al que considero el más sabio imaginario. Quiero suponer que todavía no es el momento, pero que pronto alguien me ayudará a salir.
Amiga, entiéndeme, me pintaron un futuro lleno de colores, en el que sólamente importaban los estudios y ser independiente. Me insertaron la idea de que tenía que ser importante, destacar, casarme con alguien que tuviese la vida ya encaminada después de estudiar, que no fuese tonta y no me enamorase del primero que se me cruzara. Que ya encontraría el amor, sí, pero en la universidad. Me convencieron de que eso era lo único que me haría sobrevivir toda mi vida... Lamentablemente se equivocaron al insertarme esa idea. ¿Quién es capaz de sobrevivir sin amor? ¿Acaso uno elige de quien enamorarse?
No lo niego, tengo miedo de volver a enamorarme de la persona equivocada. Tengo miedo de volver a depender de alguien, de que mi estado de humor se base en una única persona que me maneje a su antojo como ya sucedió. Tengo miedo de necesitarlo para respirar, para ser persona. Tengo miedo de querer demasiado a una persona y que nuestra historia no tenga un final feliz. Tengo miedo de volver a sufrir.
Miedo.
Tengo mis manías por las mañanas, de tomar mi mate cocido con leche con una tostada seguido de un mal humor constante, de elegir siempre la misma taza y tener el tiempo calculado para cada cosa; de mirar Antena 3 y a las 7:50 cambiar a Canal 9 para ver el tiempo; de levantarme sola y desayunar sin que nadie me moleste; de, acto seguido, olvidarme de la hora y salir como de costumbre tarde para ir caminando escuchando la máxima, al lado de mi hermano; de amores invisibles y de placeres escondidos. Pero a pesar de toda la rutina incofesable que me rodea, me muero de miedo. Y es que tengo pánico a no vivir un amor con él, a no desangrarme por el amor de una persona, a no volver a enamorarme, a no volver a sentir el calor de alguien, a que no me vuelvan a querer, a que no me den uno de esos besos que te hierven la sangre. Pánico a que no me regalen nunca una rosa el 14 de febrero, a que no me susurren un "te quiero" al oído, de que nadie se arrodille delante mía jamás, de que no me digas "hoy estás preciosa". Pánico a ser la opción que nadie elija, de ser la chica morena a la que no se le presta especial interés. Tengo miedo a quedarme sola, a que la soledad se apodere de mí. Miedo a quedarme sin sentimientos, a vivir sumergida en una monotonía agobiante, a no conseguir mis objetivos, a que todo me salga mal, a no quedarme una noche entera hablando con él. Tengo miedo de no ser suficiente para nadie y terminar con el corazón completamente roto. Miedo de que no me lleven a París y me besen en la Torre Eiffel, de que el único placer que experimente sea el de comerme una tableta de chocolate. Tengo miedo de perderte, de que dejes de confiar en mí. Miedo de no tener nunca una historia que contar, de que nadie me encuentre interesante, de no volver a ver un futuro con nadie más.
Tengo miedo a que mi vida se resuma en unos simples fragmentos de la novela de Gabriel García Marquez, "Cien años de soledad".
Tengo miedo a que mi vida se resuma en unos simples fragmentos de la novela de Gabriel García Marquez, "Cien años de soledad".
17.1.12
Dormí mal. Decidí acostarme dentro de todo temprano para conciliar el sueño y poder descansar y afrontar lo que sería el día de mañana. Tardé en dormirme, dando vueltas en la cama, intentando comprender. Conseguí dormirme un largo tiempo después. Sonó el despertador, 06:45 como de costumbre, pero aún recuerdo la sensación que sentí al despertarme. Estaba soñando, algo que no me gustaba mucho, algo que no quería que pasase. Recuerdo que fue apagar el despertador y no saber qué era lo que había soñando.
Una sensación de angustia se apoderó de mí desde ese momento. Siento un nudo en la garganta, un mal sabor de boca, un dolor en el estómago, deseos de que aquello que fuese lo que soñé no suceda. Siento ganas de largarme a llorar sin motivo alguno. Siento que tendría que recordar el sueño, que algo importante se me está escapando de las manos. Siento miedo.
16.1.12
Mi otro yo.
Me encuentro en mi habitación, mi lugar de reflexión; un lugar en el que puedo ser yo misma sin que nadie me juzgue. Apago la luz. La oscuridad me alivia y me transporta hacia un mundo paralelo. Busco conversar conmigo misma; busco aquella voz de mi interior para poder entender mis actitudes frente a ciertas situaciones.
Puedo describir a esa voz como mi mejor enemiga pero a la vez, como una buena compañera de viaje. Aparece siempre que puede y la mayoría de veces me habla con ciertos aires de superioridad y egocentrismo, aunque es cambiante. Frente a los peligros y a los desafíos es la que me anima a seguir y no bajar los brazos. Me obliga a seguir pensando en el futuro, en destacar, en ser siempre un poco mejor empujándome a buscar la perfección para no ser una más del montón.
Esa misma voz es la que me hace actuar de manera impulsiva, siendo demasiado sincera con los demás, pudiendo llegar a herir sus sentiemientos. Es fría y recorosa, y nunca me permite olvidar los gestos que las personas, que alguna vez dejé entrar en mi vida, me hicieron y me lastimaron. Con ellas me hace tomar una actitud distante y antipática, logrando que nunca los perdone. De vez en cuando, se vuelve autodestructiva, invitándome a un lugar oscuro y profundo donde las sonrisas desaparecen como por arte de magia y reina el insomnio y la nostalgia. El alma se invade de desesperanza consiguiendo que la vida se convierta en una detestable monotonía, sin risas ni sueños. Me vuelvo un ente controlado por su otro yo, negativo y sin sentimientos, que lo único que siente son los repentinos escalofríos que envía el alma para demostrar que aún sigue viva.
Pero es la misma que me ayuda a salir de ese mundo en que a veces me encuentro, volviéndome una persona optimista. Me ayuda a buscar el lado positivo a las situaciones, indicándome que todo cambiará. También me aconseja que ayude a las personas, que nunca pierda el poder que tengo de escuchar a la gente que me rodea, pudiendo siempre que pueda y lo crea necesario dar un buen consejo. Me felicita y se siente satisfecha cuando logro sacarle una sonrisa a alguien. En esos momentos no opina, simplemente desaparece dándole un respiro a mi mente, logrando hacer que me olvide de que existe mi otro yo.
Ángel y demonio. Frío y calor. Alegría y tristeza. Mi otro yo es así de bipolar. ¿Estaré loca? No lo sé, pero así es como soy y como me rige mi yo interior.
Puedo describir a esa voz como mi mejor enemiga pero a la vez, como una buena compañera de viaje. Aparece siempre que puede y la mayoría de veces me habla con ciertos aires de superioridad y egocentrismo, aunque es cambiante. Frente a los peligros y a los desafíos es la que me anima a seguir y no bajar los brazos. Me obliga a seguir pensando en el futuro, en destacar, en ser siempre un poco mejor empujándome a buscar la perfección para no ser una más del montón.
Esa misma voz es la que me hace actuar de manera impulsiva, siendo demasiado sincera con los demás, pudiendo llegar a herir sus sentiemientos. Es fría y recorosa, y nunca me permite olvidar los gestos que las personas, que alguna vez dejé entrar en mi vida, me hicieron y me lastimaron. Con ellas me hace tomar una actitud distante y antipática, logrando que nunca los perdone. De vez en cuando, se vuelve autodestructiva, invitándome a un lugar oscuro y profundo donde las sonrisas desaparecen como por arte de magia y reina el insomnio y la nostalgia. El alma se invade de desesperanza consiguiendo que la vida se convierta en una detestable monotonía, sin risas ni sueños. Me vuelvo un ente controlado por su otro yo, negativo y sin sentimientos, que lo único que siente son los repentinos escalofríos que envía el alma para demostrar que aún sigue viva.
Pero es la misma que me ayuda a salir de ese mundo en que a veces me encuentro, volviéndome una persona optimista. Me ayuda a buscar el lado positivo a las situaciones, indicándome que todo cambiará. También me aconseja que ayude a las personas, que nunca pierda el poder que tengo de escuchar a la gente que me rodea, pudiendo siempre que pueda y lo crea necesario dar un buen consejo. Me felicita y se siente satisfecha cuando logro sacarle una sonrisa a alguien. En esos momentos no opina, simplemente desaparece dándole un respiro a mi mente, logrando hacer que me olvide de que existe mi otro yo.
Ángel y demonio. Frío y calor. Alegría y tristeza. Mi otro yo es así de bipolar. ¿Estaré loca? No lo sé, pero así es como soy y como me rige mi yo interior.
15.1.12
Mírame, quien sabe a dónde llegaré. Tómame, no hay suelo ya donde caer. Ven, llévame del dolor que está oscuro y no oigo tu voz, sólo quiero respirar que la noche me va a matar. Tómame, que el mundo se vino a mis pies. Llévame que hoy ya no me quiero esconder. Dame un beso, algo que me haga al fin regresar y llorar en tus brazos al final, que aún hay tiempo para escapar.
13.1.12
Inestabilidad psicológica (I)
Salía de ese lugar en el que paso más de la mitad de mi día, encerrada, padeciendo cada segundo de mi estadía en él. Salí y sentí como el aire me golpeó y me hizo abrir los ojos, y ser consciente de que ya estaba en el exterior y otro día más había transcurrido sin ninguna novedad. Crucé la calle esperando irme sola, para dejar que los pensamientos flotasen y fuesen libres. Lamentablemente, personas me acompañaban en el trayecto a mi casa, como casi todos los días. ¿Por qué este tenía que ser diferente? Escuchaba murmullos, como se quejaban o como largaban pequeñas carcajadas. Cada uno estaba sumergido en su mundo, y noté como las personas sólo se preocupan por ellas mismas sin importarles lo que está pasando al rededor. Por suerte, después de varios intentos de establecer una conversación conmigo y mi respuesta con monosílabos, decidieron rendirse.
Me gusta cruzar el puente en silencio, sola, sin compañía de nadie. A veces me trae unos segundos de paz el paisaje. Me provoca sensación de libertad, de querer seguir viviendo, de conocer, de poder afrontar los problemas. Es difícil de explicar la sensación. Pero no suele ser siempre así... Muchas veces relaciono conceptos que me llevan a otro tipos de conclusiones, sobretodo cuando pasa el tren por debajo. Me invita a asomarme y pensar que pasaría si saltase. Una voz me invita a probar, a intentarlo. Me intenta convencer que es la solución a mis problemas y al de los demás, a dejar de sufrir y sentir la paz que tanto ansío. Otra, que es la más fuerte, me dice que no es la solución y no se explica más. Esta voz es firme, potente, pero tranquila.
En ese instante, no sé quien soy; me doy miedo a mi misma, pero siempre ocurre la misma reacción: miro al cielo, media vuelta, y bajo el puente.
12.1.12
Cuando sientes que todo se terminó, que ya nada importa, que ya nada sirve. Siento eso. Siento que todo lo que hago, lo hago mal. Siento que todo lo que digo no sirve para nada. Siento que no vivo, que sobrevivo, que intento que las cosas mejoren y lo único que consigo es empeorarlas. Duele saber que a pesar del esfuerzo, de querer hacer millones de cosas y vivir, todo me salga mal.
Quiero sentirme bien, quiero intentar volver a sonreír y dejar que se vaya mi mal humor. Quiero volver a ser la de antes.
Quiero sentirme bien, quiero intentar volver a sonreír y dejar que se vaya mi mal humor. Quiero volver a ser la de antes.
10.1.12
Comenzar de nuevo. Ya siento la pesadez en el cuerpo, las ojeras comienzan a marcarse, y la leve sonrisa se va esfumando de a poco. No consigo levantarme de buen humor; no consigo ver el secreto que esconden las mañanas, las oportunidades que día a día voy dejando para poder llegar a los objetivos. Me siento sola, llena de oscuridad. Busco, y busco, pero ya me cansé de intentar salir. De a poco se va apagando, de a poco me voy acostumbrando a estar en este estado. Una vez que te acostumbras no es tan malo. Acostumbrarse a la soledad, a los nudos en la garganta, a las puntadas en el corazón, a los numerosos escalofríos, al frío, a el dolor de cabeza, a la sensación de cansancio, a las almohadas mojadas, a la mirada perdida, a la mente en negro. Ya me acostumbré a no sentir, a reír por compromiso, a pensar que tengo que respirar, a dormir sin soñar, a pensar en los demás, a olvidarme de mí, a olvidarme del amor, a olvidarme de los sueños, de lo bien que sienta dormir profundamente. Ya me olvidé de todo eso, y aún sigo en pie intentando mejorar la situación, a pesar de que todo va mal.
Me acostumbré a la realidad, aunque cada día siento que me estoy hundiendo más.
7.1.12
5.1.12
Cuéntame que te pasó, cuántas penas viviste, qué es lo que te preocupa, qué es lo que te trae de cabeza y enfadado con el mundo. Dime cuántas veces has fallado, cuenta las veces que lloraste, las veces que te dejaste pisotear por los demás. Acuérdate de todos tus fallos, de todas las cagadas, de todas las noches que no dormiste. Revive los momentos de tristezas, esos que te llevan a la destrucción y a la guerra en tu interior. Busca en tu corazón todas las veces que dijiste te quiero y ahora, esas palabras se las llevó el viento. Piensa en las personas que pasaron por tu vida, las que dejaron huellas y las que aún perduran. Olvídate de las alegrías, de las sonrisas, de los buenos momentos. Haz un balance. ¿Ganaste más de lo que perdiste?
4.1.12
Una vez más conseguía lo imposible. Conseguía transformarme y volver a sentirme la de antes por un par de segundos. Un poder que a pocas personas le otorgaba, y que siempre solían ser las equivocadas. Supuse que podía dárselo, ¿qué podía perder?. No me asustaba perder de nuevo la cabeza, la razón o el corazón. Eso ya había ocurrido antes, y ahora, simplemente, esperaba una reconstrucción. No tenía nada que perder, por el simple hecho de que peor no podía estar.
Me auto-convencía de que todo iría a mejor. Me auto-convencía de que podría llegar a volver a ser la de antes. Me sentía tranquila, como hacía tiempo no me había sentido. Estaba en paz conmigo misma y por un momento aquella voz interna que suele atormentarme continuamente se había callado. ¿Qué había sucedido? ¿Qué estaba pasando? Volvía a tranquilizarme, volvía a encontrarle algo de sentido a la vida. Volvía a sentirme bien conmigo misma. Causaba efecto en mí, demasiado efecto, demasiado poder. Fue como un tranquilizante, de esos adictivos, de los cuales una vez que los consumes no puedes dejarlo.
Por eso, sigo aquí sentada esperando a la persona que sea capaz de volver a causarme eso; por eso sigo esperándolo.
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