Me pregunto si será capaz de escuchar aquel ruido que tan fuerte retumba en mis oídos, aquel que no se calla y que a sabiendas me mata. Me pregunto si es capaz de escuchar los gritos desesperados que lanza la esperanza, buscando un hueco para salir en este mar de desilusiones que poco a poco avanza. Me pregunto si es capaz de ver más allá de lo exterior, aquello que se encuentra a la izquierda, guardado bajo llave, el lugar más oscuro y siniestro del corazón. Me pregunto si es capaz de sentir los escalofríos que recorren la sangre y que no se manifiestan de tan acostumbrados que están a ser invisibles ante los demás. Me pregunto si es capaz de saborear esa amargura que escupen mis palabras, producto de todo aquello que por dentro está hirviendo. Me pregunto si es capaz de oler los restos que quedan después de las lágrimas, oler aquellos nervios que se manifiestan en el estómago.
Unas pocas palabras que intentan hacer temblar a la imaginación.
30.9.12
29.9.12
22.9.12
Aquello a lo que siempre temí, me atacaba de nuevo. Esa oscuridad tan vacía y fría que me helaba la sangre, la sentía cerca, avanzando a pasos agigantados hacia mí. Nunca logré superar aquel miedo, y parecía que quería volver. Esa noche presentía que no iba a ser tranquila. Esas palabras no dejaban de dar vueltas en mi cabeza, y su eco retumbaba entre las cuatro paredes de mi habitación. Se estaba apoderando de mí aquel miedo tan conocido y a la vez tan indecifrable para mí. No quería volver a sentir aquellas palabras, ni tampoco sentir aquello que tanto sigue destruyéndome día a día sin que yo lo sepa.
Cerré los ojos. Imágenes, y esas mismas palabras atormentaban mi cabeza. No iba a dejarme vencer, pero sabía que mi otro yo estaba poniéndome alerta, estaba anticipándome y preparándome para lo que podía llegar a pasar. No. Yo lo negaba completamente, pero me dio mil y una razones por la cual creer que eso, era verdad.
Cerré los ojos. Imágenes, y esas mismas palabras atormentaban mi cabeza. No iba a dejarme vencer, pero sabía que mi otro yo estaba poniéndome alerta, estaba anticipándome y preparándome para lo que podía llegar a pasar. No. Yo lo negaba completamente, pero me dio mil y una razones por la cual creer que eso, era verdad.
7.9.12
Nos quedamos quietos. Manteniendo la respiración. No conseguimos abrir los ojos ante lo que nos está pasando. Estamos paralizados y el miedo y el orgullo consiguen controlarnos. Nos mueven cual títeres de circo. Controlados por la rabia y la furia que ebulle en nuestro interior, nos volvemos entes fríos y calculadores, midiendo cada palabra dicha, analizando cada gesto y planificando nuestro día de mañana. ¿Qué fue de aquella persona que eras? "-Ya no queda nada de aquella, ahora soy lo que soy". Bendita frase que nos inculcan desde que nacemos. ¡No! Podemos cambiar, podemos volver a ser lo que éramos, pero nos falta voluntad. ¡Cuántas veces habré repetido esa frase! Y quien no lo haya hecho que tire la primera piedra.
Nada queda. Pienso y medito sobre los sentimientos. Cada día nos volvemos más calculadores, como si necesitásemos controlar cada milímetro de nuestros pasos, cada segundos de nuestras vidas. Ya no somos espontáneos, somos robots guiados por una mente perturbada gracias a esta época que nos ha tocado vivir. ¿O será el ambiente en que nos movemos, que está demasiado desgastado? Es una duda que aún sigue rondando en la cabeza.
¿Sabes lo que pasa? Nos hallamos participando en un círculo vicioso, el cual cada día nos va sacando aquello que teníamos, aquello que éramos en un principio. Pero yo quiero salir. Yo no aguanto más. Yo quiero salir de ese círculo y volver a ser lo de antes. Ya no quiero que el orgullo me domine más. Quiero que se apodere de mí la alegría y la magia que puede tener esta vida. Quiero que la positividad vuelva a ocupar el primer lugar de aquellas cualidades que te caracterizan. No me quiero quedar estancada en personas que no valen la pena, no quiero que me domine el rencor y mucho menos la rabia. Quiero poder sonreír con un poco de picardía, pero de la buena, de la que hace bien al corazón. Quiero ser aquella que pueda ver un camino paralelo hacia todos los problemas que se presenten. No quiero más llantos, no quiero más reproches.
Hoy, yo soy la que sale. Hoy, soy yo la que corta. ¿Me sigues?
Nada queda. Pienso y medito sobre los sentimientos. Cada día nos volvemos más calculadores, como si necesitásemos controlar cada milímetro de nuestros pasos, cada segundos de nuestras vidas. Ya no somos espontáneos, somos robots guiados por una mente perturbada gracias a esta época que nos ha tocado vivir. ¿O será el ambiente en que nos movemos, que está demasiado desgastado? Es una duda que aún sigue rondando en la cabeza.
¿Sabes lo que pasa? Nos hallamos participando en un círculo vicioso, el cual cada día nos va sacando aquello que teníamos, aquello que éramos en un principio. Pero yo quiero salir. Yo no aguanto más. Yo quiero salir de ese círculo y volver a ser lo de antes. Ya no quiero que el orgullo me domine más. Quiero que se apodere de mí la alegría y la magia que puede tener esta vida. Quiero que la positividad vuelva a ocupar el primer lugar de aquellas cualidades que te caracterizan. No me quiero quedar estancada en personas que no valen la pena, no quiero que me domine el rencor y mucho menos la rabia. Quiero poder sonreír con un poco de picardía, pero de la buena, de la que hace bien al corazón. Quiero ser aquella que pueda ver un camino paralelo hacia todos los problemas que se presenten. No quiero más llantos, no quiero más reproches.
Hoy, yo soy la que sale. Hoy, soy yo la que corta. ¿Me sigues?
3.9.12
¿Sabes cuál es una de las cosas que más duele? Darse la vuelta y echar la vista hacia atrás, mirar al pasado. Se encuentra bastante difuminado, puedo escuchar llantos, reproches y palabras que siguen perdurando en el presente. Siento aquellas puñaladas que en su momento tanto dolieron y que ahora forman parte de un lejano recuerdo. Puedo oler el aroma de una felicidad ficticia aunque intensa. Un sabor amargo aparece en mi boca, ese sabor que sientes al recordar que aquellos fueron buenos tiempos. Y ahora me traiciona la vista, haciéndome retroceder por completo.
Se me cae una lágrima. Puede que ésta contenga tristeza, pero también contiene felicidad. En cada lágrima que cae, como susurros de melancolía, se esconden los recuerdos que tanto me gustaría volver a repetir. Decían que aquellos no eran tiempos buenos y que vivíamos de una ilusa mentira creada por nosotros mismos, pero... ¿saben qué? Eso no era una mentira. Yo pude sentirlo, viví aquellos buenos momentos. Puedo sentir el dolor de barriga por las todas aquellas risas interminables. Puedo sentir la piel de gallina al alejar la vista y ver cómo estábamos rodeados de buenas intenciones entre nosotros y como había algo que nos unía. Puedo escuchar las carcajadas de una tarde de verano a horas de empezar el instituto. Esas carcajadas que nunca se acababan y que tan bien al alma nos hacían. No me digáis que eso era mentira y que sólo fue imaginación nuestra. Podréis esconder y tapar todo lo que vivísteis, pero yo sigo convencida de que esos tiempos, fueron buenos.
Sí... ahora tengo un sabor de nostalgia. Estas lágrimas siguen cayendo y con ellas, los recuerdos se van. ¿Saben? Hacía mucho que no miraba hacia atrás, pero a veces es bueno hacerlo. La vida pasa, los momentos se difusan, y por distintas razones cada uno sigue su propio camino. Personas entran, personas se van, pero lo que siempre perdura son aquellos sentimientos que algún día te recordarán que fuiste parte de algo hermoso y de algo que, personalmente, a mí, me gustaría volver a vivir. Aquello parecía eterno y creía en ello, pero poco a poco se fue desgastando y ahora... bueno, ahora quedan aquellas sobras que no supimos terminar de recoger, pero que si algún día nos lo propusiésemos, podríamos llegar a mucho más que en aquellos tiempos.
Era la primera que estaba convencida de que todo cambia y para bien. También era la primera que defendía aquella teoría de que todo era una película de ciencia ficción. Pero mira hacia atrás. Que no te engañe la vista. Siente. Activa tus cinco sentidos y siente. Dime... ¿aquello no fue especial?
Se me cae una lágrima. Puede que ésta contenga tristeza, pero también contiene felicidad. En cada lágrima que cae, como susurros de melancolía, se esconden los recuerdos que tanto me gustaría volver a repetir. Decían que aquellos no eran tiempos buenos y que vivíamos de una ilusa mentira creada por nosotros mismos, pero... ¿saben qué? Eso no era una mentira. Yo pude sentirlo, viví aquellos buenos momentos. Puedo sentir el dolor de barriga por las todas aquellas risas interminables. Puedo sentir la piel de gallina al alejar la vista y ver cómo estábamos rodeados de buenas intenciones entre nosotros y como había algo que nos unía. Puedo escuchar las carcajadas de una tarde de verano a horas de empezar el instituto. Esas carcajadas que nunca se acababan y que tan bien al alma nos hacían. No me digáis que eso era mentira y que sólo fue imaginación nuestra. Podréis esconder y tapar todo lo que vivísteis, pero yo sigo convencida de que esos tiempos, fueron buenos.
Sí... ahora tengo un sabor de nostalgia. Estas lágrimas siguen cayendo y con ellas, los recuerdos se van. ¿Saben? Hacía mucho que no miraba hacia atrás, pero a veces es bueno hacerlo. La vida pasa, los momentos se difusan, y por distintas razones cada uno sigue su propio camino. Personas entran, personas se van, pero lo que siempre perdura son aquellos sentimientos que algún día te recordarán que fuiste parte de algo hermoso y de algo que, personalmente, a mí, me gustaría volver a vivir. Aquello parecía eterno y creía en ello, pero poco a poco se fue desgastando y ahora... bueno, ahora quedan aquellas sobras que no supimos terminar de recoger, pero que si algún día nos lo propusiésemos, podríamos llegar a mucho más que en aquellos tiempos.
Era la primera que estaba convencida de que todo cambia y para bien. También era la primera que defendía aquella teoría de que todo era una película de ciencia ficción. Pero mira hacia atrás. Que no te engañe la vista. Siente. Activa tus cinco sentidos y siente. Dime... ¿aquello no fue especial?
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