Unas pocas palabras que intentan hacer temblar a la imaginación.

30.11.11

Los pilares de mi vida.

Y hoy me hacen falta sus palabras de aliento. El entrar a casa y que me reciban con una sonrisa y se interesen por mis cosas, siempre preguntándome y escuchando mis estúpidas contestaciones. Alguien que me anime a seguir, que me diga: no dejes de estudiar, Daiana, sé inteligente y no cambies nunca, no borrés esa sonrisa de esa cara, siempre pensá en los demás y no te dejes pisotear por nadie. 
Los necesito, porque son los pilares de mi vida. Los necesito porque me duele levantarme cada mañana y no encontrar a mi abuela haciéndome la leche, y a mi abuelo levantándose para despedirme y decirme que tenga un buen día. Me duele llegar a casa, abrir la puerta, y no encontrar a mi abuela cocinándome porque llego más tarde a casa y la comida que hicieron no me gusta; que mi abuelo esté leyendo el diario, con sus anteojos y me diga: "y mi negra? cómo te fue hoy?". Me duele por las tardes no tener conversaciones de fútbol con mi abuelo, o hacer crucigramas con mi abuela, jugar los tres al chinchón, reír a carcajadas. Me duele por las noches no ver la novela con mi abuela. Me duele el recuerdo de los buenos momentos; me duele extrañar.
Largo lágrimas, porque afirmo que son lo más importante de mi vida y hoy los tengo a kilómetros de distancia. Y no puedo evitar llorar al recordar todo esto. 
Me culpo y me odio por las veces que no les dije: "te quiero", por las veces que mi mal humor les hizo daño, por las veces que contesté enojada sin pensar que en realidad, querían saber el por qué y se preocupaban por mí. Por no haber compartido más tiempo con ellos, por no haberles dicho "gracias".

No me pueden haber tocado mejores abuelos. No existen otros como ellos. 

¡Ojalá la vida fuera un poquito más sencilla! 

26.11.11

Esta noche es amarga como todas las demás. Hoy a mi mente se le ocurrió pensar en las otras noches amargas que hace tiempo no sentía, y que, por suerte, ya no se han vuelto a repetir. Aquellas en donde él inundaba mi mente con fantasías sobre mi vida perfecta junto a él. Aquellas noches en donde no dormía, y alguna que otra lágrima se deslizaba sobre mis mejillas para acabar muertas en la almohada. Noches en vela, buscándolo y buscando un porqué a la típica pregunta del: ¿Porqué ella y no yo?.
Noches con sabor ácido; mañanas con resaca depresiva, con poca autoestima y sin ganas de nada. Sonrisas esfumadas, ojeras notables y una pesadez anormal en el cuerpo. Los ojos rojos del cansancio y un reflejo cadavérico en el espejo. Estar en un abismo del cual la salida solo es oscuridad, y más oscuridad, sin ninguna luz que pueda llegar a guiarte. ¿Cuándo me caí?
Sentía repulsión hacia mis sentimientos sobre él. Lo odiaba pero a la vez amaba cada vez que me buscaba, que me llamaba, que me abrazaba o que simplemente me decía dos palabras para convencerme de que aún tenía que jugar su adictivo juego al que ya estaba acostumbrada. Ese juego que me llenaba de satisfacción, de  ilusiones, de sentimientos; ese juego que me recordaba que aún seguía viva.
A pesar de todo sigo pensando en él de vez en cuando. Aparecen ciertos recuerdos que aún siguen causando un efecto en mí, y la mayoría de veces me recuerda que él seguirá siendo mi punto débil.

17.11.11

#6

Pasa el tiempo y no encuentro respuestas. Sigo buscándolas, con la esperanza de que alguien pueda responder cuestiones insensatas y sin fundamento alguno. ¿Qué es lo que busco? Una señal, un indicio, una persona, una esperanza. Busco algo que me haga decir: valió la pena.
El tiempo del paso me duele, me agota, me consume, me deprime. Nada mejora, todo va para peor. ¿Cuándo estuve realmente bien? Sigue pasando el tiempo, y cada vez me convenzo más de que nada vale la pena. ¿Hasta cuándo? ...  



5.11.11

Las chicas con las sonrisas más hermosas a veces cuentan las historias más tristes.