Unas pocas palabras que intentan hacer temblar a la imaginación.

24.3.11





TENGO ALGUNA COLECCIÓN DE FOTOS QUE HE ENCONTRADO REBUSCANDO EN EL BAÚL DE LOS FRACASOS.



23.3.11

Sol.edad.

Me atrae. Me seduce. Y me gusta. Me encanta. Me puede. Me enloquece. Me hace delirar. Me hace sentir bien. Me hace pensar, soñar, inventar, alucinar, meditar. Me gusta la soledad. Es uno de mis excesos en esta vida. Uno de mis pecados capitales. Uno de mis males. Me encanta estar sola, rodeada solamente de cosas que no tienen vida, de cosas innertes. Me gusta estar rodeada de cosas que no me juzguen ni me malinterpreten, que no hablen, que no opinen sobre mi persona o sobre mis actitudes. Me gusta la soledad porque no tiene voz, nada más que la mía. Me gusta porque es tan perfecta, que nunca se equivoca y siempre está ahí a tu antojo. Me gusta porque te hace recapacitar, autocriticarte.
Como también tiene el poder de destrucción, el poder de volverte loca, obsesiva, manipuladora. Pero no importa, la soledad te permite cualquier cosa. Cualquier cosa. No te deja de lado por ser otra. No se asusta si te ve en un ataque de crisis, de locura. No te da consejos, te deja ser vos misma.
Pero hay que saber tener el control sobre ella. En exceso, es mala...

22.3.11

Color negro.

No me bastaba solo con mirarlo. Yo quería más. Quería mucho más de él. No me bastaba ser una espectadora, yo quería ser la protagonista de una historia de amor con él. Pero no quería la típica historia de amor empalagosa, donde la chica se somete a cualquier cosa por no perderlo, con las típicas peleas y las típicas reconciliaciones baratas que nunca suceden. Yo quería una historia diferente. Absoltua. A todo o nada. Con un toque de dolor. Con un toque de romanticismo. Salvaje. Misteriosa. Contradictoria. Ambiciosa. Dudosa. Pero por sobretodas las cosas, quería una historia que me llenara el corazón. Puaj. Que estoy diciendo.
Lo quería porque me sentía sola. Lo quería porque no tenía a nadie que me trasmitiera ninguno de esos sentimientos. Lo quería porque sabía que podía llegar a destruirme, pero quería comprobar si yo era capaz de salir o de pararlo. O, simplemente, de dejarme destruir. Quería sentir esa cosa de los amores obsesivos. A todo o nada. Quería poder implementar esa frase.
Quería ser algo en la vida de alguien. Por una sencilla razón... Yo quería más de lo que tenía. Queria más, mucho más. No quería quedarme sin sentir esa sensación. No lo quería, a mi él no me interesaba. Me interesaba su personalidad. Lo que podía llegar a causar en mi. Me interesaba que pudiera volverme loca, y que la historia no terminara con un final feliz, porque él era de esos chicos que nunca terminan bien. Y era eso lo que me interesaba.
Yo quería tantas cosas, pero no era más que la espectadora de esa historia sumamente asquerosa.