Unas pocas palabras que intentan hacer temblar a la imaginación.

21.11.12

En medio de este silencio es cuando consigo recordarte. Me cuesta asumir que la rutina me está volviendo a hundir, que es la culpable de que me encuentre tan integrada en ella, siguiéndola al pie de la letra pretendiendo no perder el rumbo, sin darme cuenta que la que se está perdiendo soy yo. Este silencio me sugiere tantas cosas que la mente no puede concentrarse en una sola. Este silencio grita palabras que por sí solas tienen tanto significado que generan cicatrices en los oídos. No se quiere callar. Supongo que tampoco quiere que lo escuche, sino que quiere que abra los ojos y me deshaga de esta rutina que está interponiéndose entre la libertad y yo. Puede, y después de haber escrito la anterior oración, que este silencio me quiera dar a entender que estoy bajo la ilusa visión de que mis activos aumentan frente a mis pasivos, cuando es completamente al contrario.

17.11.12


No more tears, no more fears
you gotta believe
so close your eyes imagine how it could be
wherever you do I’m coming with you
to a place where our dreams come true

16.11.12

Llegué de improvisto. No esperaba tal respuesta de él, pero su mirada fue mucho más fuerte que en aquellos años en que solíamos ser uno, jugando a estar enamorados. ¡Cuánto daño nos hicimos el uno al otro!. Podía sentir aún los rastros de sus caricias y resurgía esa lista de planes que pretendíamos cumplir juntos. No pude aguantarle la mirada. ¡Hacía tanto que no lo veía! Desde que lo habíamos dejado que no estaba acostumbrada a no verlo caminando al lado mío, sonriendo. Cuánto amor derrochabamos por aquel entonces, donde todo era felicidad y perfección. Pero el amor se apagó. Se apagó tanto que jugábamos a fingir estar enamorados, haciéndonos tanto daño como era posible. Nuestras palabras dejaron de ser empalagosas para pasar a ser amargas como el mismo limón, agresivas, intolerantes. Esas peleas que duraban días, pero quién sabe por qué motivo siempre conseguíamos arreglar. Su mirada había cambiado. No le brillaban los ojos cuando me miraba, y ya no caminaba a mi lado acompañándome, sino compitiendo.
Llegó un momento en que se tornó tan insoportable, que nuestro amor nos pedía a gritos que nos diésemos por vencidos. Y es ahí cuando entendimos que necesitábamos estar solos, cada uno por su lado y seguir su camino. Si teníamos que estar juntos ya nos encontraríamos algún día, en alguna esquina, por esas casualidades de la vida o porque el destino ha dicho que era hora de volver.
Allí estaba. Parado, mirándome y sonriéndome como en esas épocas. Seguía igual de irresistible, igual de pícaro y con la misma manía de ponerse una mano en el bolsillo y la otra no. Parecía que nada había cambiado, que todo el tiempo que estuvimos separados no hubiese pasado. Congelé ese momento, pero supe que la que no era la misma era yo. Todavía no era hora de volver.

9.11.12

Y ahí te quedas. Ahí te quedas, sintiendo como el estrés se apodera de tus músculos, como estás a punto de largarte a llorar de la impotencia, pero demuestras una simple indiferencia y una sonrisa como si no te importase. No felicitáis por lo bueno, pero estáis ahí para destacar lo malo. Gracias, simplemente gracias. Cada día noto más la presión, la única que lo tiene. ¿No ven que estoy que no puedo andar de pie, qué me cuesta levantarme cada día para ver que fui empeorando poco a poco? ¿Hace falta recordarlo día tras día? ¿Y qué pasa con esa ironía en vuestras voces? Estoy harta. Harta de ser la que siempre tiene que dar más, pero cuando lo da no es reconocido por ello, en cambio si fallo soy juzgada con un: ¿qué está pasando? ¿estás bajando?. Sí, sabes, sí. Sí, estoy por los suelos, pero eso es invisible a vuestra visión.
Ahí me quedo. Revolved el pasado, porque para vosotros entrar en mi cabeza es imposible. Revolved y entenderéis. Pero es imposible, seguís ciegos y no tenéis ni puta idea de la mitad de las cosas de lo que he llegado a sufrir. No importa, volveré a demostrar algún día que si pude fue por mi esfuerzo y no gracias a ninguna de vuestras acciones.

7.11.12


Danzaba como una bailarina en su performance. Reía como aquel payaso que disfruta de su profesión. Cantaba dejando el alma en cada nota desafinada como si fuese la mejor escapatoria de la realidad. Pintaba como aquel que busca plasmar sus pensamientos en colores. Escribía inventándome historias que lograban llenarme el corazón. Lloraba una vez al día igual que los cocineros al cortar una cebolla. Volaba queriendo imitar a aquel avión que de pequeña mi padre me hacía. Saltaba queriendo tocar el cielo con las puntas de los dedos. Soñaba como aquella niña cuando quería ser princesa. Gritaba como aquel capitán ordenando a sus soldados. Actuaba como aquella actriz que recién comienza su carrera. Pero había algo que no encajaba en mí, algo que estaba descolocado. Faltaba aquella pieza del puzzle que siempre perdemos justo cuando lo estábamos terminando. Creía tener todas las piezas, creía que faltaba poco para completar todo, pero ahí vino la ceteza de que una de ellas se había perdido. Y es cuando comienzas a rebuscar, como quien busca en la basura porque tiene hambre; la desesperación te invade y te ciega completamente. Es imposible conseguir ver y encontrar aquello que buscas cuando los nervios están a flor de piel, cuando la desesperación se te escapa de las manos. Es intento fallido buscar la pieza en el lugar equivocado y en la oscuridad de tu propia mente, pero... ¿Y si ahora estoy así? ¿Y si he perdido aquella pieza y enloquezco por querer completar el puzzle que tan convencida estaba de que me faltaba poco para terminarlo? ¿Y si en realidad siempre faltó esa pieza y el puzzle vino mal de fábrica? ¿Acaso tendría que empezar de cero e intentarlo con otro y rendirme, o seguir peleándola, dejando la piel en cada intento?