Unas pocas palabras que intentan hacer temblar a la imaginación.

26.2.12

Puede que tenga tantas cosas que decir, que no se cómo empezar. Me siento fría, siento que no puedo más. Es un circulo vicioso que me lleva al mismo sitio de donde logre escapar, y ahora me veo en el principio. Sólo soy la que quería tanto y no logró. Es una vida tan difícil que no me deja ser yo y luché, pero no sirvió de nada. Voy trazando mi camino y mis huellas están borradas. 
Quise tantas cosas que siempre acabé en derrotas. Intenté entender por qué la suerte no me toca. Para nada quedan fuerzas, ni una simple escapatoria. Intento recordar y no me alcanza mi memoria. Quería tanto y como siempre acaba en llanto, aquí me planto… 
Que todos se olviden de que existo, no puedo pedirte tu respeto sin respeto a mí misma. Ya no queda nada que me empuje a ser distinta. Quedan cicatrices de todo aquello que tuve; noches en vela me atormentan, a mi lado duermen las preguntas que quedaron sin respuesta. Sólo quiero ser feliz.

22.2.12

Hola abuela. ¿Cómo estás? Espero que todo ande bien por allá. Por acá todo sigue igual. Hoy, hace un año, estábamos festejando tus 80 años. Habíamos preparado de todo, tortas, brownies, y el abuelo había hecho un asado para chuparse los dedos. Ese día, estabas con una sonrisa en la cara y te habías puesto la remera que yo te había regalado. Lamentablemente, este año no vamos a poder festejarlo juntas, y es una de las cosas por las que hoy me siento vacía. Abuela, feliz cumpleaños, feliz 81 años! Me gustaría estar allá, con ustedes, repitiendo de alguna manera lo del año pasado, riéndome con vos, jugando al chinchón, o simplemente escuchando como te quejás porque no sabés que cocinar. Te extraño cada día. Extraño el llegar a casa y no verte cocinando, el que no estés sentada con tus anteojos haciendo crucigramas, el que no estés durmiendo o simplemente mirando la tele. Abuela, te necesito cada día más, me duele el no verte, el pensar que ya va a pasar un año y seguimos lejos. Nos prometieron que nos íbamos a juntar el año pasado, pero se ve que el destino nos lo está complicando cada día más. Me duele el no haber sabido aprovechar el tiempo, el sentir que muchas de las veces desperdicié el tiempo y no me paré a quedarme aunque sea mirando qué hacías durante 5 minutos. Siento que no supe darme cuenta en el momento de cuánto me complementabas, de cuánto me hacías sentir bien, de cuánto me mantenías en pie y de cuánto te necesitaba para sobrevivir.
Espero que en este día sonrías como siempre lo hiciste, que reniegues un poco, pero que sobretodo al recibir mi llamada te alegres y podamos estar un poco más cerca.

Te amo con la vida y mucho más. No puedo explicar con palabras lo que te quiero y todo lo que sos para mí.

Feliz cumpleaños, abuela !
Tu nieta preferida, Dai.

21.2.12

Inestabilidad psicológica (III)

Tic, tac, tic, tac. Sonaba el reloj de mi habitación, anunciándome que el tiempo se pasaba, se me escapaba de las manos, y otra noche volvía a repetirse. Tic, tac, tic, tac. Me enferma ese sonido, siento que la vida sigue su curso mientras intento buscarle el sentido, buscarle la vuelta a toda esta mierda. El reloj no se para, la vida no para, nada se detiene, todo sigue su camino; el único que se detiene eres tú, viviendo del pasado, atormentándote por tus errores, sufriendo por cada segundo que no disfrutas del presente, y enloqueciéndote por no poder predecir qué será de ti en un futuro. Ese futuro que cada noche ves más incierto, más negro, más borroso. Ese futuro dónde ya no lo pintas de colores alegres, con objetivos y planes que te alegraban los días, con esfuerzos y personas que te sostenían y te ayudaban a no caerte, dónde las risas y la felicidad predominaban por encima de todo lo demás. Ahora se volvió tenebroso, oscuro, impredecible, y te aterra pensar en él.
Tic, tac, tic, tac. ¡Cállate de una vez! No me recuerdes todo lo que me estoy perdiendo, los minutos que se van. No me recuerdes que hubo noches que dormía y no tenía que soportar tu sonido abrumador. No me recuerdes que hubo tiempos mejores y que ahora soy una sombra minúscula y borrosa del pasado.
¿Cuánto hace que no duermes profundamente? ¿Cuánto hace que tu cabeza no te tortura a cada minuto? ¿Cuánto hace que no tienes la mente en blanco? ¿Cuánto tiempo hace que no te sientes a gusto en tu casa? ¿Cuándo se produjo este cambio? ¿Cuándo caí tan bajo, sin poder reconstruirme? ¿Cuándo empezó todo esto, si es que hay un principio? 
Tic, tac, tic, tac. Así se me pasa la noche; así se me pasan los días. Así se me pasa esta vida, donde cada día se suman más problemas a la lista, donde cada día más recuerdos que estaban escondidos salen a la luz para torturarme un poco más, donde ya no quedan palabras para expresar sentimientos, donde lo único que sientes es melancolía, tristeza y rabia por estar en ese estado, donde quieres cambiar pero tu voz interior te dice que no puedes, donde te sientes aún peor y culpable de estar así y perjudicar a los de tu alrededor... Pero sobretodo, esa rabia de sentir que no puedes disimularlo más y que, alguna vez, te prometiste que lo ibas a intentar y nunca te ibas a dar por vencido, por más destruido que estuvieses nunca ibas a demostrar debilidad ante los problemas. ¿Y ahora? Ahora te has convertido en todo lo contrario a lo que siempre prometiste no ser. Ahora, eres débil y vulnerable a los agentes externos, y cualquier cosa te perjudica y te hunde, cada día, un poco más.

Planteate una cosa... ¿cómo ves tu futuro ahora? 

20.2.12

Ver la vida en blanco y negro. Temer a que los colores te cieguen y conviertan tu vida en una ilusión óptica de la cual, momentos después, desaparecerá. Blanco y negro, colores neutros, colores apagados, colores que contrastan, colores sumamente expresivos. 
Ayer soñé. Volví a soñar en blanco y negro. Hacía mucho tiempo que no me pasaba. Me preocupa volver a la rutina, me preocupa volver a sentir sentimientos que había enterrado y prometido que no sentiría más en el pasado, me preocupa revivir situaciones, momentos, volver a experimentar esas sensaciones. Me niego, no quiero, no quiero volver a caer.

15.2.12

Hola, mi amor. ¿Cómo te encuentras? Hace tiempo que no te escribo. Solía escribirte cada noche, en secreto, contándote como eran mis días sin tí. Te escribía mis pensamientos, minuto tras minuto, expresándote lo largo que se me hacían los días desde que habías decidido marcharte de mi vida. Una parte de mí había muerto. Me encontraba perdida, había perdido aquella mano que me sostenía cada día y me guiaba, ayudándome cuando me caía, levantándome tras cada error. Te contaba como extrañaba tus manías, esas de las que tanto me quejaba en el pasado, pero que tanto te caracterizaban. Ya no tenía quien dejase la marca de la taza en mi escritorio, quien me cambiase los fondos de pantalla cada día, quien me desordenase los libros que tan maniáticamente me gustaba tener por orden alfabético, quien me escribiese tonterías en todos los apuntes posibles o quien me despeinase cuando llevaba una coleta alta. 
Te escribía para descargarme y para odiarte cada día un poco más. Te habías ido, y no lo podía aceptar. Los recuerdos me maltrataban a cada instante, mi corazón no aguantaba más y le pedía a gritos a la razón que le diese un pequeño respiro. Tu perfume seguía impregnado en mi ropa, tu marca de la taza seguía aún sin limpiar, tus risas retumbaban entre las cuatros paredes de mi habitación, y tus promesas seguían aún guardadas en aquella caja que hicimos al cumplir 6 meses. Aún conservaba mis apuntes con tus tonterías, tus cartas con tus tan peculiares errores de ortografía, tu camiseta roja del último campamento que odiabas pero amabas como me quedaba, tu desorden en mis libros, tus mensajes empalagosos en mi móvil, tu carpeta con tu música favorita en mi ordenador, tu dibujo de dragon ball que te gustaba que tuviese pegado en la pared cuando vinieses, tu fotografía en un marco de tus colores favoritos; tus besos marcados en mi piel, tus abrazos que me hacían tocar el cielo, tus cosquillas inocentes, tu mirada única, tus chistes nocturnos, tu filosofía sobre la vida.
Mi amor, yo no era más que una pequeña prolongación de tí. Mi vida se basaba en tí, todo lo que me rodeaba pertenecía a nuestro amor, a tu pasado, a mi presente y mi futuro. ¿Qué te pasó, mi vida? ¿Te agobiaron los problemas? ¿Te asustó vivir un amor tan perfecto? ¿Por qué te fuiste así, sin más, sin darme una explicación racional a tu huída? ¿Hubo otra? ¿Fui yo, que no supe escuchar lo que me pedías? 
Ya ha pasado un año desde que te fuiste, desde que desapareciste de mi vida por arte de magia. Hoy te vuelvo a escribir, un año después para recordarte que sigo sintiendo los efectos secundarios que me dejó tu amor. Escalofríos durante el día, una mirada perdida, largas noches de insomnio, temblores repentinos, sueños aterradores. Sigo pensando en tí. Sigo queriéndote igual que el primer día que te conocí. Sigo esperándote como todos los domingos, que llegues a mi casa, toques el timbre y me traigas una rosa blanca con una tarjetita donde pusiese: "Tu amor, por siempre."

[Feliz San Valentín, atrasado]

12.2.12

Un amor que todo el mundo debería tener derecho a probar, aunque sea una sola vez en la vida, es un amor que te deje en la cuerda floja, al límite entre la cordura y la razón, entre el amor y la locura propiamente dicha.

11.2.12

Lo intentas, pero ya lo consiguió. Y es en ese momento cuando decides rendirte, cuando la oscuridad ya te atrapó.

9.2.12

Había intentado hasta lo imaginable para poder estar bien, para poder salir de ese lugar que aún la seguía sorprendiendo, día tras día. Le sorprendía su cambio y volvía a sumergirse en el pasado, ese que la desgarra cada segundo, el cual añora como nunca, el cual le recuerda sus miedos, pero también lo fuerte, positiva y alegre que era. Viaja al pasado creyendo que así encontrará la respuesta a todos los problemas. No es consciente de que las respuestas están en el presente, o simplemente, no las hay. No se quiere rendir, pero cada día se le hace más duro sobrevivir. Alguna vez leyó por algún lugar desconocido: "Se puede estar rodeado de mil amigos, y aún así, sentirse sola". Nunca había dado por cierta esa frase, pero es hoy en día que no deja de pensar en ella. ¿Qué necesitaba? ¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué esta vez le había dejado knockout la caída? ¿Había soñado en exceso? ¿Había provocado su propia enfermedad? ¿Por qué estuvo tan ciega tanto tiempo, viviendo de ilusiones que no tenían ni pies ni cabeza? Día tras día se repite las mismas preguntas, harta de no encontrar una puta respuesta. No quiere seguir. Las horas pasan y la melancolía crece, el miedo la envuelve y el pasado la condena. Ya no llora por las noches, ya no tiene más lágrimas para gastar. Ya no sonríe cuando se mira al espejo, sus músculos se cansaron de pelear. Ya no se alegra al conseguir pequeñas victorias, se niega a sentir una felicidad ficticia. Ya no busca ser más social y conocer gente, se acostumbró a vivir junto a su soledad. Ya no le gusta salir, prefiere encerrarse en su lugar.
Niña... buscas felicidad pero te niegas a recibirla cuando ella se asoma a lo lejos; corres y tienes temor de que te engañe como la otra vez.
Está asustada. Perdió la fe que tanta vida le daba. Dejó de tener esperanzas, para dar la bienvenida a la oscuridad, a la negatividad, a las tristezas, al insomnio, a la desilusión, a las ojeras, al nudo en la garganta, a la dificultad para concentrarse, a la apatía... 
Quiere cambiar. Le cuesta salir, no tiene fuerzas y todavía no consigue ver la salida. Está sentada, rodeada de 29 personas, cada una aparentando felicidad. Vuelve a conectar por un segundo con la realidad. Alguno dice algo presuntamente gracioso y todos ríen a carcajadas. Ella quiere reírse también, pero no lo consigue. Baja la mirada, como quien siente culpa, y se odia a sí misma por haber olvidado cómo se hacía. Siente envidia, y decide perderse mirando por la ventana. 
Así se pasan las horas, ella en su propio mundo, pretendiendo y logrando que la ignoren. Ella y su maldita soledad. Ella y su música. Ella y su cabeza. Ella en una constante pelea contra su propio yo.


[ASCODEVIDA. Día 4. Jueves 9 de Febrero]

8.2.12

Ven, abrázame y dime que todo irá bien. 
Ven, háblame y haz que esboce una pequeña sonrisa. 
Ven, juguemos y seamos niños pequeños que no tienen preocupaciones ni problemas. 
Ven, ólvidate del tiempo y caminemos hasta que atardezca.
Ven, repíteme hasta cansarte que me quieres. 
Ven, hazme volar con apenas una mirada. 
Ven, soñemos juntos. 
Ven, agarrame de la mano y vivamos. 
Ven, ayúdame a olvidar que existe un pasado. 
Ven, riámonos de nosotros mismos. 
Ven, enséñame a ser fuerte. 
Ven, sostiéneme para no caer por un precipicio. 
Ven, empújame a ser feliz. 
Ven, tiremos a la basura los impedimentos. 
Ven, susúrrame al oído tus secretos. 
Ven, acelera mi corazón. 
Ven, perdamos el miedo. 
Ven, demuéstrame que aún sigo viva. 
Ven, no me dejes
Ven y lo intentaré. 

7.2.12

Estúpida manera de vivir. Estúpida forma de seguir. Estúpida mi vida. Lunes, vuelta a empezar. Comienzo pensando en que todo cambiará. ¿Me ilusiono? No, ya no. Sé que todo seguirá siendo igual, y que cuando cruce la puerta que me lleva un poco más al hundimiento, volveré a mirar por la ventana buscando libertad, buscando sueños y buscando algo que me haga sonreír. Volveré a encerrarme en mi misma, escuchando palabras que se alejan en cada pensamiento. Si en esos momentos alguien pudiese meterse en mi mente, pensarían que estoy loca y que hay algo que no va bien. Sí, lo estoy. Sonrío, me hace mucha gracia hablar conmigo misma en tono de ironía, y aceptar la realidad.
Sigo con la mirada perdida, centrada en mí misma y en los tantos problemas que rondan por mi cabeza como una película de terror. Suelo suspirar profundo, repetidas veces durante el día, más aún cuando el frío me envuelve, y se apodera también de mi estado de humor. Algunos preguntan que me pasa. ¡Si supiese que me pasa! Tendría un problema menos, y unos cuantos solucionados.
Salgo. No quiero compañía, sólo mi soledad, yo y mi mp4. Nadie más. Evito cruzar diálogo con las personas. Lo consigo, y llego a mi segundo infierno, pero a la vez, mi segundo lugar. Vuelvo a pensar si esta tarde será igual que las de hace, ya, repetidos lunes atrás. Sí, es igual, mismas discusiones, mismos reproches, mismas reacciones.
Asqueroso lunes, asqueroso martes, asqueroso miércoles que vendrá.

 [ascodevida. Día 2. Martes 7 de febrero]
Mi cuerpo está marcado de las cicatrices que un día dejó el pasado

5.2.12

Te garantizo que habrá épocas difíciles y te garantizo que en algún momento uno de los dos, o los dos querremos dejarlo todo, pero también te garantizo que si no te pido que seas mio me arrepentiré durante el resto de mi vida.

[Runaway bride]

3.2.12

Ódiame por esas dudas, por esos llantos. Ódiame por lo que soy. Ódiame por sentimientos que ahora tengo que escribir. Ódiame por no ser fuerte, resistente. Ódiame por no saber ni sonreír.