Unas pocas palabras que intentan hacer temblar a la imaginación.

31.1.12

Puede que estemos en un lugar oscuro, sin salida, donde todo lo que nos rodea no mejora, y vemos como la vida se nos está pasando, poco a poco, sintiendo cada suspiro como una puñalada en el corazón, cada minuto como un dolor de cabeza insoportable, cada hora esperando a que pase algo que nos devuelva a la vida. No eres el único que ha pensado en acabar de la forma más triste que una persona puede llegar a dejar este espacio. ¿Quién no ha soñado con dejar de sufrir de una vez por todas? Tampoco eres el único que se siente solo, asfixiado como si cada día que pasase, le costase más respirar. A mí me cuesta, me cuesta levantarme y sentir esa presión en la garganta. Puedo llegar a comprender tu dolor, y puedo llegar a comprender los síntomas que conlleva sentirse así. Primo, amigo, cómplice, lamento decirte que no es la solución. A pesar de mi estado, sigo aún con la conciencia despierta y capaz de razonar cuando es debido y cuando la situación me genera peligro hacia los que más quiero. Aún no tengo la respuesta en mi poder, no la poseo y no puedo guiarte por el camino de la salida de este lugar, sólo puedo acompañarte e intentar que salgamos juntos, paso a paso. 
No soy la más indicada para decirte en estos momentos que sonrías por más que no tengas motivos. No soy la indicada para decirte que la vida es una sola y hay que vivirla. Pero sí me siento con el poder de decirte que, algún día, encontraré la solución y volveré a ver esa sonrisa en tu rostro, esas bromas tan características tuyas, y volveré a ver a mi primo en su mejor momento.

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