Unas pocas palabras que intentan hacer temblar a la imaginación.

27.1.12

La vida consiste en dejar los sueños atrás para poder sobrevivir en la realidad en que nos hayamos. Por eso detesto tanto a la vida. La detesto porque nunca pude cumplir ningún objetivo de los que me propuse. Nunca se me cumplió un sueño. Tenía todas las esperanzas de que las cosas cambiarían. Creía que mi vida cambiaría, y que me podría proponer cosas para poder al fin cumplirlas. Coleccioné mil y un sueños, guardados en un baúl dentro de mi cabeza, que cada día me ayudaban a seguir y mirar para adelante a pesar de lo que suponía cumplir todos esos sueños. Sabía que no sería fácil, que tenía que dejar bastante atrás para poder conseguir algo de lo que quería, pero estaba dispuesta a conseguirlo y tenía ya por sabido que lo conseguiría. Puse mi empeño, me olvidé del pasado, pero el destino siempre quiso que no pudiera cumplirlos. Todo, como me tiene acostumbrada, salió al revés de lo esperado. Sí, maldita esperanza que se había apoderado de mí. Tendría que ya haber aprendido de que la vida no me regala una buena, y no tenía que ser esta vez la excepción a la regla.  Aquí estoy, odiándome, detestándome, detestando a la vida, a todo lo movible, odiando la mierda de la monotonía en que me hallo, odiando la mierda de sistema en el que estoy metida, la mierda de mundo en que me tocó vivir, la porquería de objetivos impuestos por la sociedad. Odiando todo.
Soñé, y lo creí posible, y me envolví de una felicidad ficticia. ¡Qué ilusa que fui!.

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