Unas pocas palabras que intentan hacer temblar a la imaginación.

13.1.12

Inestabilidad psicológica (I)

Salía de ese lugar en el que paso más de la mitad de mi día, encerrada, padeciendo cada segundo de mi estadía en él. Salí y sentí como el aire me golpeó y me hizo abrir los ojos, y ser consciente de que ya estaba en el exterior y otro día más había transcurrido sin ninguna novedad. Crucé la calle esperando irme sola, para dejar que los pensamientos flotasen y fuesen libres. Lamentablemente, personas me acompañaban en el trayecto a mi casa, como casi todos los días. ¿Por qué este tenía que ser diferente? Escuchaba murmullos, como se quejaban o como largaban pequeñas carcajadas. Cada uno estaba sumergido en su mundo, y noté como las personas sólo se preocupan por ellas mismas sin importarles lo que está pasando al rededor. Por suerte, después de varios intentos de establecer una conversación conmigo y mi respuesta con monosílabos, decidieron rendirse. 
Me gusta cruzar el puente en silencio, sola, sin compañía de nadie. A veces me trae unos segundos de paz el paisaje. Me provoca sensación de libertad, de querer seguir viviendo, de conocer, de poder afrontar los problemas. Es difícil de explicar la sensación. Pero no suele ser siempre así... Muchas veces relaciono conceptos que me llevan a otro tipos de conclusiones, sobretodo cuando pasa el tren por debajo. Me invita a asomarme y pensar que pasaría si saltase. Una voz me invita a probar, a intentarlo. Me intenta convencer que es la solución a mis problemas y al de los demás, a dejar de sufrir y sentir la paz que tanto ansío. Otra, que es  la más fuerte, me dice que no es la solución y no se explica más. Esta voz es firme, potente, pero tranquila.
 En ese instante, no sé quien soy; me doy miedo a mi misma, pero siempre ocurre la misma reacción: miro al cielo, media vuelta, y bajo el puente.

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