Me gusta cruzar el puente en silencio, sola, sin compañía de nadie. A veces me trae unos segundos de paz el paisaje. Me provoca sensación de libertad, de querer seguir viviendo, de conocer, de poder afrontar los problemas. Es difícil de explicar la sensación. Pero no suele ser siempre así... Muchas veces relaciono conceptos que me llevan a otro tipos de conclusiones, sobretodo cuando pasa el tren por debajo. Me invita a asomarme y pensar que pasaría si saltase. Una voz me invita a probar, a intentarlo. Me intenta convencer que es la solución a mis problemas y al de los demás, a dejar de sufrir y sentir la paz que tanto ansío. Otra, que es la más fuerte, me dice que no es la solución y no se explica más. Esta voz es firme, potente, pero tranquila.
En ese instante, no sé quien soy; me doy miedo a mi misma, pero siempre ocurre la misma reacción: miro al cielo, media vuelta, y bajo el puente.
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