Unas pocas palabras que intentan hacer temblar a la imaginación.

24.1.12

Aún se me siguen llenando los ojos de lágrimas al leerlo. Una pequeña lágrima se desliza lentamente por la mejilla derecha, pero rápidamente, un acto casi inconsciente, mi mano la limpia y las demás evitan desbordarse. Sonrío porque es una de las pocas cosas que me hace feliz, verlo y saber que aún está, aunque esté lejos. Vuelvo a leer mis palabras hacia él, y vuelvo a recordar lo que sentí cuando las escribí. Ya soy un mar de lágrimas, y la hoja de los apuntes están mojadas. Rio. Me rio de mi misma, una risa nerviosa, algo muy común en mí. Vuelvo a reír, y me acuerdo de la risa de mi abuelo. "Negra, nunca cambies, seguí así como sos que vas a llegar muy lejos". La voz de mi abuelo se impone en mi cabeza, y eso me alivia el mal trago. Me siento tranquila por un momento. Un segundo de paz encuentra mi mente que la alivia del colapso que está a punto de sufrir.
Tenía un sostén muy grande. Era el único que me sacaba una sonrisa y la única razón por la que seguía viviendo y no me rendía. Todo empeora desde que está lejos de mí, desde que no me acompaña al colegio, no me espera para comer, no me pregunta cómo estoy, cómo fue mi día, si quiero tomar mate o si tengo mucho para estudiar. Se me dificulta llegar a casa y que no esté. 
Se hace duro el día a día. Sigo extrañándolo aún más que antes... ¿2012, este año me darás alguna buena?

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