No me concentraba en la lectura tan aburrida que tenía que leer para el día siguiente. La mente no estaba en la realidad, si no en un mundo paralelo. Sentí impulsos de escribirle. Hacía tiempo que no lo veía. Sentí esa necesidad de querer plasmar en un papel lo que me gustaría poder decirle a la cara. No quedó más remedio que coger el cuaderno en el cual están expuestos mis momentos de locura, rabia, tristeza y demás sentimientos. Me imaginé a su lado... ¿Qué le diría?:
"Búscame un rato más. Mírame, dime que me quieres, que me necesitas para respirar. Convénceme que no sería una locura. Grítame. Hazme despertar del coma en el que me encuentro. Sácame una sonrisa. Devuélveme la esperanza. Haz que me olvide de que existe el tiempo, de que la vida es así de difícil, de que todavía me quedan problemas por resolver. Enséñame a bailar bajo la lluvia, enséñame a sonreír otra vez, enséñame a quererte aún más. Quítame el frío, quítame las ganas de desaparecer, quítame el dolor que aún siento. Yo, a cambio, prometo darte la vida."
No muy satisfecha lo releí veinticuatro veces más. Cerré el cuaderno. Me tiré en la cama y sentí un pequeño alivio. Algún día se lo diría. Algún día lo lograría.
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