Sí. Estoy a favor de los amores intensos, pero cortos. De esos fugaces, imperceptibles, que te dejan sin respiración durante un corto tiempo, que no caen en la monotonía del día a día y que llenan incluso más que un amor convencional. ¿Por qué no aceptar que los amores que menos duran son los más verdaderos? Un amor que aparezca de pronto y revolucione tu vida, que la deje patas para arriba. Un amor que no caiga en un "te quiero para siempre" sino un "te quiero en este momento". Un amor que no busque la estabilidad emocional, sino que a cada paso se vuelva más loco, más imposible, más desastrozo. Un amor que deje de lado las promesas, los posibles, el futuro, lo predecible. Un amor completamente incoherente, que no tenga ni pies ni cabeza, que se base en el presente y que se olvide del pasado.
¿Es que acaso preferís vivir un amor que se consume en la rutina, que continúa en el tiempo por simple inercia, a vivir uno mucho más intenso y más corto?
Puede que muchos penséis que esté equivocada. Probablemente. Pero estas son las consecuencias de no pensar en qué pasará en un futuro o qué pasó en un pasado, simplemente es vivir el día a día, dejar que la vida fluya e intentar vivir como si cada noche que nos acostamos no nos volviésemos a levantar. Suena trágico dicho de esta manera, pero la vida tiene un sabor más agradable desde que he conseguido dejar de lado el futuro y dedicarme a vivir el presente, a tomar decisiones sin ir más allá de lo que me pide ese día el corazón (o la cabeza). Y sí. Comienzo a recuperar de a poco la alegría que pensaba que en un momento me había abandonado. Comienzo a levantar vuelo y a tomarme la vida con otro humor, mirarla desde otro punto de vista.
Y ya me he ido de tema, ¿verdad? He empezado hablando del amor y he terminado hablando de la vida. Esto resume mi día a día.
Unas pocas palabras que intentan hacer temblar a la imaginación.
27.1.14
20.1.14
A veces en las situaciones en que uno tiene que tomar una decisión es cuando te das cuentas de quienes estarán siempre a tu lado, apoyándote a pesar de todo, y quienes se dejarán llevar por sus creencias y dejarán de ver otra perspectiva que no sea la suya. Sí, porque en situaciones donde aprieta la soga al cuello, son contadas las personas que seguirán estando a tu lado, caminando junto a ti y no dándote la espalda por haber hecho algo que, a su parecer, era el camino equivocado.
¡Y qué feliz me siento de tenerlas caminando junto a mí! Porque a pesar de que siempre he sido de las que van a contracorriente, hay personas que no han dejado de darme consejos y decirme: "pero tú siempre tendrás la elección y si caes, ahí estaré yo para darte una mano y levantarte". Sí, hoy me apetece brindar por esas personas. Sí, hoy me apetece darles las gracias y ver como a pesar del tiempo y de las mil vueltas que da la vida, siguen ahí. Esas son realmente las personas que valen la pena y soy afortunadísima de tenerlas hoy en día.
Ojalá que esta parte de mi vida no cambie nunca.
¡Y qué feliz me siento de tenerlas caminando junto a mí! Porque a pesar de que siempre he sido de las que van a contracorriente, hay personas que no han dejado de darme consejos y decirme: "pero tú siempre tendrás la elección y si caes, ahí estaré yo para darte una mano y levantarte". Sí, hoy me apetece brindar por esas personas. Sí, hoy me apetece darles las gracias y ver como a pesar del tiempo y de las mil vueltas que da la vida, siguen ahí. Esas son realmente las personas que valen la pena y soy afortunadísima de tenerlas hoy en día.
Ojalá que esta parte de mi vida no cambie nunca.
8.1.14
Teníamos poco tiempo y demasiadas cosas por hacer. Teníamos pocas palabras pero demasiado por sentir. Teníamos pocos abrazos pero mucha necesidad de ellos. Nos desbordaban los sentimientos pero no teníamos posibilidad de calmarlos. Jugábamos a oscuras con simples palabras que intentaban llenarnos. Las lágrimas indundaban la noche y las risas ya no tenían lugar los viernes por la noche. Una película con un sitio vacío al lado ya era costumbre y las pocas sonrisas que se apoderaban de nosotros era a través de una pantalla. Empezamos a caminar por distintas vías, tú empezaste a buscar la felicidad por el camino derecho, yo empecé a perderme por el izquierdo. La vida nos empezó a separar cada vez un poco más, restándonos como personas, y a mí consiguió dejarme en números rojos. Y así, de a poco, fue apareciendo la resignación, la nada, el vacío tan peculiar que algunas personas tenemos tendencia a sentir. Y paso a paso el calor se transformó en frío, las ansias se fueron esfumando y la costumbre fue ganando espacio. Entre aquella oscuridad, el día a día me exgió despertar y ver la realidad: todo había cambiado. ¿Qué le vamos a hacer corazón, si así es como la vida lo ha querido?
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