Querida amiga, la negatividad no la obtuve de tí, si no que siempre la tuve insertada en mi cabeza. Siempre busqué la salida a todos los problemas que se me presentaron, manteniendo la esperanza, sonriendo a los problemas, intentando ser mejor para sentir algo que me apagase la furia que sentía por dentro. Siempre lo logré, engañándome, mientiéndome a mi misma y a los demás, demostrando que podía cuando en realidad lo mejor hubiese sido caerse desde un principio. La caída hubiese sido más leve, y no estaría así ahora. Pero hoy ya no quedan fuerzas para querer salir. Me ha consumido la rutina, el amor, el estrés, la desilución, la desesperanza. Hoy se han apoderado de mí y no aún no he encontrado la forma de salir. He pasado a ser todo lo que siempre odie, critiqué y detesté. Hoy no soy más que una sombra de lo que un día fui en el pasado.
Amiga, entiendo tu preocupación y me hago la misma pregunta que tú: ¿dónde se encuentra la salida? No creo tener respuesta para ello, pero ganas no me faltan para encontrarla. Intento viajar al pasado, y recordar cómo salí de otras tantas caídas... Supongo que será cuestión de tiempo, de intentar estar bien, de buscarle la vuelta a los problemas, de hablar con alguien de confianza... o simplemente se puede resumir en el abrazo de un amigo o amiga. Ya no busco salir, sino un momento de alivio.
Dicen que vida hay una sola... Si es esta, no la quiero vivir.
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