Ese corazón revoltoso, ansioso de sentir algo más que aquel sentimiento que vuelve locos a las personas, deseoso de adrenalina como droga para calmar sus ansias, ambicioso por querer más y más cada hora, queda fuera de combate ante su mirada. Dominado por la lujuria, busca enredarse entre sus brazos a sabiendas que va en contra de todas las leyes establecidas por la sociedad. ¿Acaso está mal guiarse por impulsos? Ana sabía que esto iba contra las reglas que la sociedad le había impuesto, pero su espíritu libre estaba desesperado por sentir algo completamente diferente a lo que siempre había estado acostumbrada. La monotonía le producía cierto encanto. Tener todo organizado le daba satisfacción. Pero hubo algo que nunca pudo controlar y fue el instinto con el que nació de pequeña. No estaba preparada para un mundo tan cuadriculado. Era una persona que necesitaba despegar de la tierra, volar por encima de los demás, destacar en la sociedad por sus magníficas locuras, ser el objeto de envidia de muchas personas por ser tan increíblemente original y auténtica. ¡Qué lástima me daba que perdiese el tiempo intentando tapar todo aquello que hervía dentro suyo! Cuanto tiempo derrochado en intentar imponer algo que iba en contra de su propia naturaleza, únicamente para satisfacer los deseos de los que se encontraban a su alrededor, tan faltos de espíritu, tan faltos de esperanzas, tan vacíos por dentro, que creían que la cumbre de la felicidad era todo aquello que en realidad nos hace permanecer en la media.
Pero ahora había crecido, y cada día notaba más que aquellos pecados querían ser cometidos. Tenía la necesidad de romper con todo lo planificado, saltarse las reglas, sentir esa magia de ser diferente. Esta vez, su corazón le animaba a exprimentar nuevas sensaciones, a olvidarse de que la perfección está en cuan inteligente es una persona o en el futuro que le puede ofrecer. La lujuria la empujaba a ser atrevida y disfrutar de los placeres que la vida cada día le ponía en bandeja pero ella rechazaba.
Él era la causa de todos los cambios que estaba experimentando. Ni siquiera aquel chico que se encontaba ahora mismo a su lado, había conseguido romper con toda aquella vida tan planificada. "Y aquí, donde reina la duda, es cuando descrubro que hay parte de mí que moriría por tus besos" fue la última oración que decidió poner para dar por terminado su primer diario.
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