Como han cambiado las cosas. Cuanto he crecido en tan poco tiempo. Tiempo.
Un tiempo que a veces me aprieta la garganta, llegando a ahogarme por completo; un tiempo que otras veces consigue ser como una brisa suave en una tarde de primavera. Un tiempo que muchas veces consiguió escaparse de mis manos y fue un simple soplo. Pero cuanto duelen aquellos cambios bruscos. A pesar de todo, consiguió que después de dos años viese el lado positivo de las cosas, a pesar de que no niego tener recaídas cada dos pasos que doy. Es tan ridícula la vida que parece mentira que a veces lo que piensas que era lo mejor para ti y deseabas que se cumpliese, cuando llega, es tan abrumador que no puedes hacerle frente. Si pudiese volver el tiempo atrás no desearía tal cosa. Tampoco cometería tantos errores. Capaz aprovecharía el tiempo a más no poder, hasta sentir que el cansancio recorriese mi cuerpo, pero satisfecha de haber hecho todo lo que dejé pendiente. Capaz, hace dos años no comprendía el valor que tiene la vida, aunque ahora tampoco le vea el sentido, a pesar de no haber sido la primera, ni la última, que me haya jugado tantas malas pasadas.
No vengo a hacerme la víctima, ni mucho menos. Algún rincón de mí sabe que era lo mejor y que gracias a tantas experiencias hoy puedo hablar y dar por sentado ciertas cosas y ciertos puntos de vista que capaz, alguien que tiene la vida completamente solucionada sin cambios bruscos, no la podría dar. Pero aunque la mente sepa que lo malo siempre tiene sus aprendizajes y que en realidad lo malo es bueno en cierto sentido, las cicatrices en días como hoy se acentúan y terminan ganándole la batalla a la razón.
Hoy escribo porque no me siento precisamente igual que el año pasado. Como dicen, los seres humanos nos acostumbramos a vivir la vida que nos ha tocado y yo, definitivamente, me he acostumbrado, para bien o para mal. Acostumbrarme a lo que toca, otra forma de sobrevivir, otra forma de que el tiempo se lleve consigo todo aquello que por las mañanas aún se quiere manifestar.
Aun sintiéndome como me siento, aún le tengo pánico al destino y sus jugarretas. Varias veces me ha demostrado que no está de mi lado... O quien sabe... Capaz en un futuro vea los frutos. Claro está que no todo es malo, y que los cambios han traído cosas verdaderamente buenas.
Y así es como quiero terminar. Con lo bueno. Con lo que realmente me gusta de estas "malas" pasadas que me juega el destino. Si hoy sigo en pie, con una sonrisa en mi cara, caminando hacia delante y parándome muy pocas veces a mirar hacia el pasado, es por las personas que hoy en día me rodean. Y esto es lo más lindo de los cambios, conocer a personas que verdaderamente valen la pena, que te complementan aún más, que hacen de ti mejor persona, que aunque no lo sepan son las que cada día con pequeños gestos hacen que tu vida sea mejor. Y me considero afortunada por tener ahora el doble de lo que tenía antes. Algunas lejos, a kilómetros, pero tan cerca a la vez. Otras, a la vuelta de la esquina.
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