Unas pocas palabras que intentan hacer temblar a la imaginación.

7.11.12


Danzaba como una bailarina en su performance. Reía como aquel payaso que disfruta de su profesión. Cantaba dejando el alma en cada nota desafinada como si fuese la mejor escapatoria de la realidad. Pintaba como aquel que busca plasmar sus pensamientos en colores. Escribía inventándome historias que lograban llenarme el corazón. Lloraba una vez al día igual que los cocineros al cortar una cebolla. Volaba queriendo imitar a aquel avión que de pequeña mi padre me hacía. Saltaba queriendo tocar el cielo con las puntas de los dedos. Soñaba como aquella niña cuando quería ser princesa. Gritaba como aquel capitán ordenando a sus soldados. Actuaba como aquella actriz que recién comienza su carrera. Pero había algo que no encajaba en mí, algo que estaba descolocado. Faltaba aquella pieza del puzzle que siempre perdemos justo cuando lo estábamos terminando. Creía tener todas las piezas, creía que faltaba poco para completar todo, pero ahí vino la ceteza de que una de ellas se había perdido. Y es cuando comienzas a rebuscar, como quien busca en la basura porque tiene hambre; la desesperación te invade y te ciega completamente. Es imposible conseguir ver y encontrar aquello que buscas cuando los nervios están a flor de piel, cuando la desesperación se te escapa de las manos. Es intento fallido buscar la pieza en el lugar equivocado y en la oscuridad de tu propia mente, pero... ¿Y si ahora estoy así? ¿Y si he perdido aquella pieza y enloquezco por querer completar el puzzle que tan convencida estaba de que me faltaba poco para terminarlo? ¿Y si en realidad siempre faltó esa pieza y el puzzle vino mal de fábrica? ¿Acaso tendría que empezar de cero e intentarlo con otro y rendirme, o seguir peleándola, dejando la piel en cada intento?

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