Había intentado hasta lo imaginable para poder estar bien, para poder salir de ese lugar que aún la seguía sorprendiendo, día tras día. Le sorprendía su cambio y volvía a sumergirse en el pasado, ese que la desgarra cada segundo, el cual añora como nunca, el cual le recuerda sus miedos, pero también lo fuerte, positiva y alegre que era. Viaja al pasado creyendo que así encontrará la respuesta a todos los problemas. No es consciente de que las respuestas están en el presente, o simplemente, no las hay. No se quiere rendir, pero cada día se le hace más duro sobrevivir. Alguna vez leyó por algún lugar desconocido: "Se puede estar rodeado de mil amigos, y aún así, sentirse sola". Nunca había dado por cierta esa frase, pero es hoy en día que no deja de pensar en ella. ¿Qué necesitaba? ¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué esta vez le había dejado knockout la caída? ¿Había soñado en exceso? ¿Había provocado su propia enfermedad? ¿Por qué estuvo tan ciega tanto tiempo, viviendo de ilusiones que no tenían ni pies ni cabeza? Día tras día se repite las mismas preguntas, harta de no encontrar una puta respuesta. No quiere seguir. Las horas pasan y la melancolía crece, el miedo la envuelve y el pasado la condena. Ya no llora por las noches, ya no tiene más lágrimas para gastar. Ya no sonríe cuando se mira al espejo, sus músculos se cansaron de pelear. Ya no se alegra al conseguir pequeñas victorias, se niega a sentir una felicidad ficticia. Ya no busca ser más social y conocer gente, se acostumbró a vivir junto a su soledad. Ya no le gusta salir, prefiere encerrarse en su lugar.
Niña... buscas felicidad pero te niegas a recibirla cuando ella se asoma a lo lejos; corres y tienes temor de que te engañe como la otra vez.
Está asustada. Perdió la fe que tanta vida le daba. Dejó de tener esperanzas, para dar la bienvenida a la oscuridad, a la negatividad, a las tristezas, al insomnio, a la desilusión, a las ojeras, al nudo en la garganta, a la dificultad para concentrarse, a la apatía...
Quiere cambiar. Le cuesta salir, no tiene fuerzas y todavía no consigue ver la salida. Está sentada, rodeada de 29 personas, cada una aparentando felicidad. Vuelve a conectar por un segundo con la realidad. Alguno dice algo presuntamente gracioso y todos ríen a carcajadas. Ella quiere reírse también, pero no lo consigue. Baja la mirada, como quien siente culpa, y se odia a sí misma por haber olvidado cómo se hacía. Siente envidia, y decide perderse mirando por la ventana.
Así se pasan las horas, ella en su propio mundo, pretendiendo y logrando que la ignoren. Ella y su maldita soledad. Ella y su música. Ella y su cabeza. Ella en una constante pelea contra su propio yo.
[ASCODEVIDA. Día 4. Jueves 9 de Febrero]
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