Tic, tac, tic, tac. ¡Cállate de una vez! No me recuerdes todo lo que me estoy perdiendo, los minutos que se van. No me recuerdes que hubo noches que dormía y no tenía que soportar tu sonido abrumador. No me recuerdes que hubo tiempos mejores y que ahora soy una sombra minúscula y borrosa del pasado.
¿Cuánto hace que no duermes profundamente? ¿Cuánto hace que tu cabeza no te tortura a cada minuto? ¿Cuánto hace que no tienes la mente en blanco? ¿Cuánto tiempo hace que no te sientes a gusto en tu casa? ¿Cuándo se produjo este cambio? ¿Cuándo caí tan bajo, sin poder reconstruirme? ¿Cuándo empezó todo esto, si es que hay un principio?
Tic, tac, tic, tac. Así se me pasa la noche; así se me pasan los días. Así se me pasa esta vida, donde cada día se suman más problemas a la lista, donde cada día más recuerdos que estaban escondidos salen a la luz para torturarme un poco más, donde ya no quedan palabras para expresar sentimientos, donde lo único que sientes es melancolía, tristeza y rabia por estar en ese estado, donde quieres cambiar pero tu voz interior te dice que no puedes, donde te sientes aún peor y culpable de estar así y perjudicar a los de tu alrededor... Pero sobretodo, esa rabia de sentir que no puedes disimularlo más y que, alguna vez, te prometiste que lo ibas a intentar y nunca te ibas a dar por vencido, por más destruido que estuvieses nunca ibas a demostrar debilidad ante los problemas. ¿Y ahora? Ahora te has convertido en todo lo contrario a lo que siempre prometiste no ser. Ahora, eres débil y vulnerable a los agentes externos, y cualquier cosa te perjudica y te hunde, cada día, un poco más.
Planteate una cosa... ¿cómo ves tu futuro ahora?
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