Unas pocas palabras que intentan hacer temblar a la imaginación.

9.3.14

Y... Joder. Vale. Admito que los domingos por más que sean soleados no consiguen sacarme una sonrisa y la vida se me echa encima. Y procuro pensar por qué tengo tanto malestar los domingos y llego a la conclusión de que odio los finales, a pesar de que ame los principios. A pesar de tenerle un poco del rencor típico a los lunes, éstos me dan nuevas esperanzas, nuevos aires. Mi mente piensa en todas las metas que quizás pueda llegar a alcanzar, en todos los sueños que no caen en el fondo del segundo cajón de mi habitación. ¡Hasta me hace creer que la felicidad solo consiste en saber qué se esconde en el fondo del armario!
Pero todo cambia durante la semana y quizá solo sea un mecanismo de defensa automático que ya he incorporado a mi rutina. Los principios llenos de esperanza, alegría; llenos de "yo puedo", de "no cuesta nada ser feliz", y llegan los domingos y me doy cuenta de que detrás de toda la ropa que hay en el armario, en el fondo, solo están aquellas prendas que ya no usas porque no te entran o porque simplemente ya han pasado de moda. Y... Se te cae el mundo encima. Literal. Porque los recuerdos llegan, porque los olores hacen que te transportes a la frase: "Todo tiempo pasado fue mejor" y te das cuenta que todo lo que has hecho durante la semana queda en la nada, porque son más fuertes aquellos recuerdos que el presente. Pero no solo es eso, sino que después de todo te das cuenta de que lo que hay es silencio y vacío. Ese puto vacío que nunca he podido explicar con palabras. Ese malestar interno de no querer darte cuenta de lo que es la realidad. Y después de ese mal rato... la nada misma. La nada misma que acompañada de la decepción que no deja de repetir: "sigue intentándolo".
No. No quiero seguir intentándolo. Me he cansado de jugar al mismo juego todos los domingos. Y me encuentro en esta etapa de querer mandar todo a la mierda, pero me gustan los principios y los precipicios, y supongo que indirectamente los finales también, por eso sé que mañana diré: "esta semana es la correcta; esta es la vencida".

Creo que son los finales los que me ayudan a sobrevivir en el juego de la vida.

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