Teníamos poco tiempo y demasiadas cosas por hacer. Teníamos pocas palabras pero demasiado por sentir. Teníamos pocos abrazos pero mucha necesidad de ellos. Nos desbordaban los sentimientos pero no teníamos posibilidad de calmarlos. Jugábamos a oscuras con simples palabras que intentaban llenarnos. Las lágrimas indundaban la noche y las risas ya no tenían lugar los viernes por la noche. Una película con un sitio vacío al lado ya era costumbre y las pocas sonrisas que se apoderaban de nosotros era a través de una pantalla. Empezamos a caminar por distintas vías, tú empezaste a buscar la felicidad por el camino derecho, yo empecé a perderme por el izquierdo. La vida nos empezó a separar cada vez un poco más, restándonos como personas, y a mí consiguió dejarme en números rojos. Y así, de a poco, fue apareciendo la resignación, la nada, el vacío tan peculiar que algunas personas tenemos tendencia a sentir. Y paso a paso el calor se transformó en frío, las ansias se fueron esfumando y la costumbre fue ganando espacio. Entre aquella oscuridad, el día a día me exgió despertar y ver la realidad: todo había cambiado. ¿Qué le vamos a hacer corazón, si así es como la vida lo ha querido?
No hay comentarios:
Publicar un comentario