Mi parte autodestructiva es mucho peor de lo que imaginaba. En penumbra, recapacito sobre aquellos ataque repentinos de locura mezclada con dolor que suelen repetirse cada vez más. Miro las marcas físicas y mentales que deja y, en ese momento, siento miedo de mi propia persona. No entenderéis nunca esto que estoy explicando, pues mi mente es mucho más compleja de lo que en realidad se puede percibir. Allí donde escondo todo lo malo; bolsas y bolsas llenas de sufrimiento y rabia que en un momento dado, desbordan, y explotan, consiguiendo apoderarse de mi ser más racional y sensato.
Lloro. Lloro de impotencia. Cada lágrima se lleva consigo tristeza, esfuerzo y cansancio de no obtener buenos resultados. Otras intentan calmar la hinchazón típica de las ojeras, mientras que las restantes, terminan en la nada misma, como ahora mismo estoy yo.
La nada misma. Me reconforta ese término. Estar en la nada te hace ver lo que es en realidad la vida. No es nada más que un camino hacia la muerte. ¿Su objetivo? Dejaros de tonterías. Ni estudiar, ni tener dinero, ni nada. Su objetivo es la muerte, tan deliciosa y apetitiva que resulta muchas veces, y que por aquel miedo irracional sobre el qué habrá después, no tomamos la decisión de probarla. Cuanta cobardía y cuanto masoquismo. Nos intentan plasmar la vida en forma bonita, agradable, algo que hay que aprovechar. Nada de eso. La vida es una opción de tortura. Así es como cada día, la muerte se sirve como primer plato, pero al igual que la mayoría despreciáis las ensaladas o los entremeses para guardaros el apetito para el segundo, yo creo que ella deja un buen sabor de boca y resulta mucho más atractiva y saciadora que el segundo plato.
Así es como considero que la vida es valiosa porque la muerte está siempre luchando por ella. No hay que darle más vueltas, todo se rige porque la muerte nos tienta para ver cuánto tiempo podemos soportar todas sus idas y vueltas. Así nos mantiene en la tortura, riéndose a carcajadas de todos aquellos obstáculos que nos pone día a día, semana tras semana, riéndose de lo ridículos que quedamos al intentar sobrevivir a ella; pero sobre todo, riéndose de que, hagamos lo que hagamos, vamos a terminar junto a ella tarde o temprano.
¿Cuánto crees que serás capaz de soportar sus idas y venidas, este juego en el que te encuentras? ¿Cuánto será capaz de soportar tu cuerpo? Pero lo que a mí verdaderamente me preocupa es: ¿cuánto será capaz de soportar tu mente?
No hay comentarios:
Publicar un comentario