No se necesita ser un genio, ni mucho menos, para entender de qué va la vida. Piensa una cosa: ¿qué ciencia es la que te ayuda a entender qué paso dar en cada momento, qué camino elegir cuando tienes dos iguales de tentadores; cuál es la palabra correcta para no terminar insultando, cuál es el método para lograr esa máxima felicidad; a caso se puede saber si no estamos viviendo en un mundo inventado por nosotros mismos? ¿Cuál es aquella ciencia que te explica los valores que hay que tener frente a las diferentes personas de nuestro alrededor, quién nos enseña lo que es la tolerancia; cuál es nuestro límite...? ¿Lo tenemos?
No, no se necesita ser experta en algo para poder contestar a todas estas preguntas. La vida no es otra cosa que el sobrevivir a lo que el día a día nos pone a prueba, pero hay ciertas reglas que son básicas y que, después de unas cuantas caídas, deberíamos tenerlas tatuadas en la piel, como símbolo de que ya las hemos aprendido y que la próxima vez no tropezaremos con la misma piedra. Pero el ser humano es tonto e inservible. Pocas personas son las que aprovechan los errores para no volver a cometerlos. Las personas tenemos esa tentación de tropezar una, y otra, y otra, con la misma maldita piedra que se nos ha puesto en el camino. ¿Por qué no nos enseñan cómo no tropezar de nuevo? ¿por qué no nos enseñan a olvidar o a afrontar un problema con valentía?
Miro a mi alrededor y sólo veo indiferencia. Encuentro personas que no saben lo que quieren, porque nunca antes se les había presentado la ocasión de afrontar un problema solos, de tener que elegir, y ante tal situación se sienten agobiados, estresados, y unos cuantos adjetivos más. Miro y encuentro personas arriba de un pedestal, presumiendo de sus conocimiento acerca de algún tema en especial, idealizando su vida perfecta, convenciéndose de que serán felices en un futuro, cuando lo único que veo en su mirada es la más absoluta desesperación y una resignación que les come los huesos, porque nunca han conseguido nada importante en su vida y aunque crean que eso es lo que realmente les satisfará, están, lamentablemente, equivocados, no tienen ni idea lo que realmente necesitan. Creo que serán los que luego, más adelante, después de pensar tanto en sí mismos y presumir de tantas cosas, estarán rodeados de falsas amistades y de la soledad en su sentido más completo. Otros están sentados esperando a que las cosas les caigan desde el cielo, esperando a que algún milagro ocurra en su vida. Algunos, están bien, simplemente su vida es redonda: amigos, amor, dinero, salud y, como consecuencia, felicidad. Pero de estas personas, no tan numerosas ya que muchos de ellos se encuentran en los otros dos grupos y que considero falsos, las que más me impresionan son aquellas que a pesar de todos los golpes que les ha dado la vida, siguen en pie, con mucha más fortaleza que los anteriores que creen tener o tienen todo. Esas personas son las que realmente valen la pena, las que dan la vida por cada una de las personas que se encuentran a su alrededor, las que no piensan en ellas, sino en los demás; son esas las que pueden cambiar el rumbo de la vida de otras personas para bien, las que tenerlas al lado te crea una vida casi perfecta y que te cambian por completo y, siempre, repito, siempre para bien.
¿Quién les eseñó a ser así? La vida. La vida misma. Los golpes. Los errores convertidos en aprendizajes. Las lágrimas transformadas en sonrisas. El desaliento hecho en fortaleza. Las pérdidas en ganancias. Para mí, esas, son las personas que tienen el mayor conocimiento que se puede llegar a tener en esta vida. Puedes tener estudios, una carrera, ser el mejor en tu ámbito, pero no serás nada si estás rodeado de una amargura que pesa, de un mundo creado por mentiras. No serás nada si la vida no te ha dado golpes, y con golpes no me refiero a un puto desamor, a una mala nota, a un fallo en tu deporte, a una supuesta desilusión. Hablo de otras cosas, que por supuesto, algunos no han tenido el placer de sufrirlas y otros, aún habiéndolas sufrido, se aprovechan de ellas para convertirse en víctimas de la vida, queriendo salir ilesos de todas sus malas acciones dando como razón a ellas, la "vida dura" que les "ha costado" sufrir. (Idiotas. Imbéciles. Gilipollas. Etcéterá. Perdón, me fui del tema.)
Y así termino. Empezando con un tema, terminando con otro. Así soy yo. Igual de rebuscada. Pero no me voy sin aclarar que, si esas personas predominaran en este mundo, si todos aprendiésemos de nuestros grandes errores, seríamos enormemente fuertes para lograr muchos más cambios y muchos más logros que aquellos que piensan ser superior por ser algo más inteligentes, tener más dinero o gozar de una buena vida.
Así es como espero aspirar a conseguir que mi vida no sea una monotonía. Con esta filosofía es como espero alcanzar la felicidad, aquella que no encuentro con el dinero ni con los estudios. Así es como quiero que mi vida sea una completa locura y pueda presumir que siempre he hecho lo que he querido, sin nadie que me parase. Ir a 200km por hora y que, gracias a aquellos golpes de la vida, ver que todo lo que queremos es posible. Que me pregunten y que pueda responder que soy realmente feliz después de tantas caídas y de tantos moretones en las rodillas, afirmar que sigo teniendo una sonrisa en mi cara y que la vida no ha podido conmigo, sino que yo la he manejado a mi antojo. Y así será, sin mirar hacia atrás, como aceptaré todo lo que venga sin preguntarme "qué hubiera sido sí...?".
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