Abro los ojos. Veo todo oscuro... ¿dónde estoy? Me resulta familiar este lugar, creo que he estado antes. Puedo sentir algo extraño, pero aún no he descubierto qué es... No veo nada, pero tampoco tengo miedo. De repente aparece una voz. Una voz atrapante, atractiva, que me deja en shock... Creo que la conozco, que la he escuchado antes. Como por arte de magia su voz me ciega los sentidos, pareciese como si me atrapase, me envolviese y me crea confianza en ella. Es suave, habla sin gritar. Me gusta y me invita a jugar. Como quien no quiere la cosa, acepto sin pensarlo. ¿Por qué? Aún no lo sé.
-Juguemos al escondite. Uno, dos, tres, cuatro. ¿Dónde te encuentras?
+Aún no me he escondido, espera, sigue contando.
-Cinco, seis, siete. Vamos, tienes que haber llegado ya a ese lugar.
+¿Te imaginas ya dónde estoy? Eso no es justo, me conoces mejor que nadie, sabrías siempre dónde me escondería...
-No, es simplemente que es muy obvio el lugar donde corres para esconderte de los problemas y evitar enfrentarlos.
+¿Y tú cómo sabes eso?
-Soy tu otro yo cariño, recuerda que sé mucho más de tí, que tú misma.
+Espera... No puedo verte, no sé quién eres. Espera... no eres quien pensaba...
-¿Es que acaso te has olvidado de mí ya?
+¿A que juegas?
-Veo que no recuerdas a qué jugaba, así me gusta. Mejor, me lo pones aún más fácil.
+Vete. No quiero jugar más, me aburrí. No llegaremos a ningún lado. Esto no tiene sentido. No vuelvas.
-Ay niña, todavía no has aprendido nada de mi... Todavía te queda mucho por aprender y por saber cómo evitarme. Se ve que de la vez pasada no aprendiste nada. ¡Cuánto me estás costando de críar !
+No te entiendo... estoy bien, ¿qué es lo que quieres ahora?
-No. Eso es lo que tú crees. Volví a aparecer, nuevamente invado tus noches, tus sueños, y tus días. Nunca me perdiste, sólo que supiste taparme un tiempo. Ay, niña, ¿cuándo aprenderás a aceptarme?.
+Nunca. No te quiero en mi vida. No te necesito. No preciso de tí. Tú me perjudicas.
-No amor, no. No te perjudico, te muestro quien eres en realidad. Vamos, niña, comencemos de nuevo el juego. Esta vez nos vamos a divertir mucho.
Comienzo a correr. La he conocido, he reconocido esa voz. Y aunque admito que tiene una voz sumamente atrapante, esta vez no será tan fácil. Pero ahora me invadió el miedo. Puedo sentirlo en mis piernas. Puedo sentir que mis manos tiemblan, que mi corazón se acelera y quiere escapar. Puedo sentir como la tristeza aparece, haciéndose notar en mi mejilla. Puedo sentir el rencor invadir mi alma. Los recuerdos comienzan a atacarme sin piedad, típico de la nostalgia.
Intento escapar, pero se hacen notar cada vez más. ¿Por qué no me puedo despertar de este sueño? ¿por qué no consigo abrir los ojos?
-Bienvenida, nuevamente. ¿Por qué pensaste que iba a ser fácil salir de aquí? ¿por qué pensaste que no ibas a salir herida? ¿por qué volviste a ilusionarte, niña?
¡Cuánta razón tenía! Me detuve. Respiré hondo y todo desapareció por un momento. Abrí los ojos. ¿Qué fue eso? Sigo acostada en mi cama, la almohada empapada y el corazón latiendo a dos mil por hora. Respiro. Miro la hora: 5:17, y me repito a mi misma: "Tranquila, sólo fue un sueño".
No hay comentarios:
Publicar un comentario