Me atrae. Me seduce. Y me gusta. Me encanta. Me puede. Me enloquece. Me hace delirar. Me hace sentir bien. Me hace pensar, soñar, inventar, alucinar, meditar. Me gusta la soledad. Es uno de mis excesos en esta vida. Uno de mis pecados capitales. Uno de mis males. Me encanta estar sola, rodeada solamente de cosas que no tienen vida, de cosas innertes. Me gusta estar rodeada de cosas que no me juzguen ni me malinterpreten, que no hablen, que no opinen sobre mi persona o sobre mis actitudes. Me gusta la soledad porque no tiene voz, nada más que la mía. Me gusta porque es tan perfecta, que nunca se equivoca y siempre está ahí a tu antojo. Me gusta porque te hace recapacitar, autocriticarte.
Como también tiene el poder de destrucción, el poder de volverte loca, obsesiva, manipuladora. Pero no importa, la soledad te permite cualquier cosa. Cualquier cosa. No te deja de lado por ser otra. No se asusta si te ve en un ataque de crisis, de locura. No te da consejos, te deja ser vos misma.
Pero hay que saber tener el control sobre ella. En exceso, es mala...
No hay comentarios:
Publicar un comentario