No me bastaba solo con mirarlo. Yo quería más. Quería mucho más de él. No me bastaba ser una espectadora, yo quería ser la protagonista de una historia de amor con él. Pero no quería la típica historia de amor empalagosa, donde la chica se somete a cualquier cosa por no perderlo, con las típicas peleas y las típicas reconciliaciones baratas que nunca suceden. Yo quería una historia diferente. Absoltua. A todo o nada. Con un toque de dolor. Con un toque de romanticismo. Salvaje. Misteriosa. Contradictoria. Ambiciosa. Dudosa. Pero por sobretodas las cosas, quería una historia que me llenara el corazón. Puaj. Que estoy diciendo.
Lo quería porque me sentía sola. Lo quería porque no tenía a nadie que me trasmitiera ninguno de esos sentimientos. Lo quería porque sabía que podía llegar a destruirme, pero quería comprobar si yo era capaz de salir o de pararlo. O, simplemente, de dejarme destruir. Quería sentir esa cosa de los amores obsesivos. A todo o nada. Quería poder implementar esa frase.
Quería ser algo en la vida de alguien. Por una sencilla razón... Yo quería más de lo que tenía. Queria más, mucho más. No quería quedarme sin sentir esa sensación. No lo quería, a mi él no me interesaba. Me interesaba su personalidad. Lo que podía llegar a causar en mi. Me interesaba que pudiera volverme loca, y que la historia no terminara con un final feliz, porque él era de esos chicos que nunca terminan bien. Y era eso lo que me interesaba.
Yo quería tantas cosas, pero no era más que la espectadora de esa historia sumamente asquerosa.
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