Unas pocas palabras que intentan hacer temblar a la imaginación.

30.12.11

Fin.

No puedo admitir estar feliz. No puedo conseguir ser feliz. Me falta todo, y las pocas cosas que tengo no me llenan. Me siento vacía. Ya no sueño, ya no duermo, ya nada me importa. Vivo por vivir, porque no me queda otra. Vivo, porque al parecer soy masoquista y me gusta sufrir. Espera... ¿vivo? No, no vivo. No vivo, simplemente pasan las horas, pasan las risas, pasan las bromas, pasan los momentos. No consigo que aún teniendo lo poco que tengo consiga ser feliz. No me siento bien, no me siento capaz de sobrevivir. Odio todo lo de mi alrededor. Odio no conseguir volver a ser la que algún día, en el pasado, llegué a ser. Me siento destruída, desanimada, incapaz, absolutamente inservible; llena de defectos, de fracasos y de errores que me empujan hacia el vacío cada día más. Me asusta no lograr el equilibrio; me asusta mi doble personalidad. No consigo salir, ya van varios meses, y aún así, sigo en  estado vegetativo, aparentando felicidad.
Nada me convence, nada me ayuda a salir. No me llenan más los sueños, ni los abrazos, ni las risas, ni las palabras de aliento, ni las personas, ni el cariño, ni un amigo. Nada. Por el contrario, me alimento del estrés, del sufrimiento de los demás, de las cagadas, de los dolores ajenos, de los problemas de mi familia, de la distancia, de los sentimientos negativos...
Ya no soy persona. Ya no vivo. Morí hace tiempo, mucho tiempo.

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