Esta noche es amarga como todas las demás. Hoy a mi mente se le ocurrió pensar en las otras noches amargas que hace tiempo no sentía, y que, por suerte, ya no se han vuelto a repetir. Aquellas en donde él inundaba mi mente con fantasías sobre mi vida perfecta junto a él. Aquellas noches en donde no dormía, y alguna que otra lágrima se deslizaba sobre mis mejillas para acabar muertas en la almohada. Noches en vela, buscándolo y buscando un porqué a la típica pregunta del: ¿Porqué ella y no yo?.
Noches con sabor ácido; mañanas con resaca depresiva, con poca autoestima y sin ganas de nada. Sonrisas esfumadas, ojeras notables y una pesadez anormal en el cuerpo. Los ojos rojos del cansancio y un reflejo cadavérico en el espejo. Estar en un abismo del cual la salida solo es oscuridad, y más oscuridad, sin ninguna luz que pueda llegar a guiarte. ¿Cuándo me caí?
Sentía repulsión hacia mis sentimientos sobre él. Lo odiaba pero a la vez amaba cada vez que me buscaba, que me llamaba, que me abrazaba o que simplemente me decía dos palabras para convencerme de que aún tenía que jugar su adictivo juego al que ya estaba acostumbrada. Ese juego que me llenaba de satisfacción, de ilusiones, de sentimientos; ese juego que me recordaba que aún seguía viva.
A pesar de todo sigo pensando en él de vez en cuando. Aparecen ciertos recuerdos que aún siguen causando un efecto en mí, y la mayoría de veces me recuerda que él seguirá siendo mi punto débil.
No hay comentarios:
Publicar un comentario